El Dia Que Te Fuiste

02

—Dime, Shino... ¿cómo te has sentido estos días?

Levanté la mirada lentamente. Frente a mí estaba la psicóloga, con su cabello rubio perfectamente acomodado cayendo sobre sus hombros. Sus mejillas rosadas contrastaban con la seriedad de su expresión mientras cruzaba las piernas y sostenía una libreta sobre ellas.

Sus ojos estaban clavados en mí, esperando una respuesta. Suspiré.

—Supongo que... bien —respondí al final—. He estado tranquila... no sé por qué. Pero aún duele. Como ese día.

Desvié la mirada hacia la ventana el cielo azul parecía demasiado tranquilo para todo lo que llevaba dentro. Entonces, como siempre ocurría, los recuerdos comenzaron a aparecer. Uno tras otro. Como si alguien hubiera abierto una puerta en mi mente.

Y el vacío en mi pecho volvió a sentirse.

Dos años atrás

—Vamos, dime que sí.

Cuando volteé a verlo, Riu estaba de rodillas frente a mí, sosteniendo mi mano con ambas suyas, mirándome con una expresión exageradamente dramática.

Casi parecía que estaba suplicando podía oler el aroma suave de su cabello castaño mientras levantaba la mirada hacia mí.

—No, Riu —respondí suspirando—. Además... ¿qué haría yo en un lugar así?

Él frunció el ceño con desesperación.

—¡Ponerla celosa!

Solté una pequeña risa.

—Vamos, Shino —continuó—. Sabes que Andrea fue una perra contigo. Nunca le caíste bien. Así que... ¿qué mejor forma de hacerla sufrir que llevar a mi mejor amiga al baile?

Su sonrisa cínica me hizo reír.

Y tenía razón.

Todas sus novias parecían odiarme por alguna razón. Pero Andrea... Andrea era diferente. El desprecio entre nosotras era completamente mutuo. Aun así, la idea de ir al baile de último año me parecía absurda.

—Shino, te lo ruego... —dijo juntando las manos como si estuviera rezando—. Solo dime que sí.

Lo miré durante unos segundos era sorprendente que aún no hubiera aceptado.

—Ah... está bien —respondí finalmente—. Iré.

—¡Te amo, lo sabía! —exclamó levantándose de un salto.

Antes de que pudiera decir algo más, se acercó y dejó un beso rápido sobre mi frente luego se alejó con una sonrisa triunfante. Lo observé irse mientras una pequeña sensación de duda aparecía en mi pecho. tal vez había sido un error decirle que sí pero al mismo tiempo... imaginar la cara de celos de Andrea sería demasiado satisfactorio.

Actualidad

—Shino... Shino.

Una voz suave llegó a mis oídos y me sacó de mis pensamientos parpadeé varias veces antes de darme cuenta de que estaba de pie frente a una ventana.

La lluvia caía con fuerza afuera, golpeando el vidrio entonces noté el reflejo de mi hermano detrás de mí Eduardo estaba de pie en la puerta.

—¿Estás bien? —preguntó acercándose.

Negué lentamente con la cabeza mientras suspiraba y cubría mis ojos con las manos.

Dos años atrás

—Riu, en serio... ¿tenías que venir?

Caminábamos por el centro de la ciudad mientras la gente pasaba a nuestro alrededor. Tiendas, luces y conversaciones llenaban las calles lo miré de reojo.

—Quiero saber cómo se vestirá mi cita —respondió levantando las manos con una sonrisa inocente.

Me detuve y rodé los ojos.

—¿Qué te parece si tú escoges el color del vestido... y yo me encargo de todo lo demás?

Él curvó ligeramente los labios mientras pensaba.

—Mmm... vale.

Entonces se acercó un poco más a mí.

—En ese caso... ¿qué quieres hacer ahora?

Su sonrisa hizo que yo también sonriera. No me di cuenta de lo que iba a hacer hasta que ya era demasiado tarde de repente, sus manos rodearon mi cintura y me levantó del suelo.

—¡Riu!

Un pequeño grito escapó de mis labios mientras me cargaba sobre su hombro desde arriba el suelo parecía mucho más lejos.

—¿Qué pasa? —dijo riendo—. ¿Tienes miedo?

Su tono burlón me hizo reír también. Después de dar un par de vueltas me bajó nuevamente. Quedé frente a él. Por un momento solo nos miramos sus manos subieron lentamente hasta acomodar algunos mechones de mi cabello que el viento había movido.

Sonrió.

—Has crecido, niña.

—¿Tú crees? —respondí sin apartar la mirada.

Esos silencios entre nosotros siempre eran peligrosos. Era como si el mundo desapareciera durante unos segundos.

—Sí... —dijo finalmente—. Ya pesas más. Deja de comer tanto.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar como si nada.

Negué con la cabeza mientras reía.

Corrí para alcanzarlo y lo abracé por la espalda.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.