Actualidad
—Se acerca el día, Shino.
Levanté la mirada lentamente. Frente a mí estaba Lucía, la psicóloga. Su cabello rubio caía sobre sus hombros y llevaba una falda color turquesa que contrastaba con la serenidad de su rostro. Permanecía de pie frente a mí, observándome con atención.
Suspiré.
—Lo sé.
Fue lo único que pude responder. Sentía cómo cada latido de mi corazón golpeaba más fuerte que el anterior, como si quisiera escapar de mi pecho.
Lucía inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Crees que estás lista para esto?
Aparté la mirada de sus ojos y mordí mi labio inferior.
—No... —murmuré—. Nunca lo estaré.
Llevé las manos a mi rostro tratando de contener las lágrimas, pero el peso de aquel recuerdo siempre terminaba alcanzándome.
Dos años atrás
—Y... ¿me dirás por qué me arreglaré aquí?
Volteé a verlo mientras conducía. Riu mantenía los ojos fijos en el camino, pero una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro.
—Porque no confío en tus arreglos.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que eres como un machito.
Le di un golpe en el hombro Riu soltó una risa divertida sin dejar de conducir. Decidí no seguir discutiendo y me dediqué a mirar por la ventana mientras el paisaje pasaba lentamente.
Cuando llegamos a su casa, suspiré antes de bajar del coche la puerta se abrió casi de inmediato y Estefani apareció en la entrada su cabello rubio caía sobre sus hombros y sus ojos verdes brillaban con curiosidad. Tenía rasgos finos y siempre parecía estar sonriendo. Era difícil imaginarla triste.
—Así que ella es tu cita —dijo con tono burlón.
No pude evitar reír mientras me acercaba a abrazarla.
—Creo que sí —respondí.
—Entonces... que comience la transformación —anunció chocando las palmas de sus manos con entusiasmo.
Miré a Fani con una sonrisa nerviosa no tenía idea de en qué me estaba metiendo.
Actualidad
—¿Has ido a verlos?
La voz de Lucía me hizo levantar la mirada. Ella estaba recostada ligeramente hacia atrás en su silla, observándome con atención.
—¿A quiénes? —pregunté.
—A la familia de él.
Noté cómo apretaba ligeramente la libreta que sostenía en su regazo. Suspiré.
—Con trabajo puedo verme a mí misma en el espejo... —respondí sin apartar la mirada de ella.
Lucía inclinó un poco el cuerpo hacia adelante.
—¿Quieres hablar sobre eso?
Sentí una molestia creciendo dentro de mí.
—De eso he estado hablando desde que llegué, ¿no cree?
El silencio se hizo pesado entre nosotras.
—¿No lo estás superando? —preguntó finalmente.
Algo dentro de mí se rompió me incorporé de golpe en el sofá.
—¡Nunca lo haré! —grité.
Mi voz temblaba.
—¡Nunca, nunca voy a superar que fuera tan egoísta!
Respiré profundamente mientras escondía el rostro entre mis rodillas el dolor seguía ahí. Como si el tiempo nunca hubiera pasado.
Dos años atrás
—¿Estás lista?
La silla giró lentamente frente al espejo levanté la mirada. Por un momento no me reconocí Estefani sonreía detrás de mí con orgullo nunca solía arreglarme demasiado, así que verla había sido una decisión arriesgada... pero ahora entendía por qué Riu había insistido tanto. El vestido caía suavemente sobre mi cuerpo y mi cabello estaba acomodado de una forma que jamás habría intentado por mi cuenta.
Entonces noté el reflejo de alguien en la puerta Riu estaba ahí vestía un traje negro y estaba acomodándose las mangas mientras me observaba cuando nuestras miradas se encontraron, sonrió.
—¿Ves? —dijo—. Menos machito luces mejor.
—Riu —reprendió Estefani desde atrás.
Yo solo me encogí de hombros.
—Tranquila, ya me acostumbré.
Me levanté y caminé hacia él, tomando su brazo.
—Hay que irnos.
Riu se enderezó un poco antes de mirar a su hermana.
—Suerte, chicos —dijo Fani mientras salíamos.
Durante todo el camino ninguno de los dos dijo una sola palabra. Cuando llegamos al salón del baile, la música y las luces iluminaban el lugar. Todos los alumnos de último año estaban ahí, acompañados de sus parejas.
Sentí cómo los nervios me recorrían el cuerpo apreté la mano de Riu. Por un momento pensé que mi corazón iba a salirse de mi pecho.
¿Qué estaba haciendo yo aquí?