En el baile terminé conociendo a varios amigos de Riu. La verdad... todos estaban un poco locos. Reían demasiado, gritaban más de lo normal y parecían tener una energía que llenaba todo el lugar. Me preguntaba cuánto tiempo más nos quedaríamos ahí.
Pero no tardamos demasiado.
Después de un rato, Riu, sus amigos y yo salimos del salón para ir a la casa de uno de ellos el único con quien realmente hablé fue con Javier. Era muy distinto a Riu. Tenía el cabello negro, lacio, que caía ligeramente sobre su frente, y unos ojos negros algo rasgados que parecían observarlo todo con calma. Era atractivo, aunque tenía una forma más tranquila de moverse, como si siempre estuviera analizando lo que ocurría a su alrededor.
—¿Ya te quieres ir?
La voz de Riu llegó de repente a mi oído, haciéndome dar un pequeño salto giré el rostro y lo encontré demasiado cerca.
—No... —respondí sonriendo—. Está algo divertido.
Riu soltó una pequeña risa.
—Y eso que aún no se han alocado.
Se alejó un poco mientras negaba con la cabeza.
Tenía razón.
No pasó mucho tiempo antes de que todos comenzaran a bailar como si el mundo fuera a acabarse esa misma noche. La música retumbaba en toda la casa y alguien me tomó de la mano para jalarme hacia el centro del grupo.
Reí sin poder evitarlo. Por primera vez en mucho tiempo... me sentía libre.
Seguí sus pasos torpemente, riendo cuando me equivocaba. Y en ese momento comprendí algo que Riu me había enseñado sin siquiera decirlo.
Los amigos no son solo personas que conoces todos los días.
A veces... son hermanos del corazón.
Actualidad.
—Shino... tienes visita.
Parpadeé varias veces la habitación estaba en silencio y la luz que entraba por la ventana me obligó a entrecerrar los ojos. Eduardo estaba de pie a un lado de mi cama me incorporé lentamente, todavía aturdida.
—¿Visita?
—Sí —respondió él con suavidad—. Está abajo.
Me levanté y bajé las escaleras despacio cuando llegué al último escalón lo vi cabello negro, ojos negros de pie en la sala.
Javier.
En cuanto nuestras miradas se encontraron, enderezó ligeramente la espalda y me dedicó una pequeña sonrisa.
—Hola, Shino.
Dos años atrás.
—No, Javier. Ya es tarde, tenemos que irnos.
La voz de Riu sonaba molesta. Yo estaba literalmente atrapada entre los dos. Javier tiraba de mi brazo derecho mientras Riu sujetaba el izquierdo.
—Vamos, Riu —dijo Javier riendo—. Aún es temprano. ¿A dónde la quieres llevar?
No pude evitar reír pero Riu no estaba de humor.
—¡No, Javier! Y ya suéltala.
De pronto tiró de mí con fuerza y terminé chocando contra su pecho levanté la mirada y él me observaba con una expresión seria me giré hacia Javier sonreí. Y antes de irme me acerqué a él para darle un beso rápido en la mejilla.
—Nos vemos.
Después de eso, Riu y yo caminamos en silencio por algunas calles.
La noche era tranquila y el aire fresco después de unos minutos llegamos a un pequeño parque los columpios se movían ligeramente con el viento.
Riu se sentó en uno de ellos.
—Ven.
Caminé hasta él y me senté en el columpio de al lado durante unos segundos ninguno dijo nada. El cielo estaba completamente despejado y las estrellas brillaban con una intensidad que casi parecía irreal.
—Sabes... —dijo de repente.
Giré el rostro hacia él.
—¿Qué?
Riu seguía mirando el cielo.
—¿Has pensado cómo seremos en el futuro?
Su voz era tranquila demasiado tranquila me quedé pensándolo un momento.
—No... —respondí finalmente—. Aún no quiero arrugarme como pasa con los adultos.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro bajó la mirada hacia mí.
—Cierto... pero...
No terminó la frase.
Se levantó del columpio y extendió la mano hacia mí.
—¿Qué haces? —pregunté confundida.
—Esto era un baile, ¿no?
Sonrió.
—Entonces ven.
Tomé su mano su piel era cálida. Me ayudó a ponerme de pie y colocó una mano en mi cintura mientras yo apoyaba la mía sobre su hombro.
No había música.
Solo el viento moviendo las hojas de los árboles.
Y aun así...
Bailamos.
Lentamente.
Mirándonos.
Riu sonrió apenas.