El Dia Que Te Fuiste

05

Habían pasado varios días desde el baile.

Demasiados.

Hoy era el último día de clases antes de las vacaciones de Navidad. El aire frío se sentía diferente, como si el mundo estuviera a punto de detenerse por unos días. Pero para mí todo seguía igual también habían pasado varios días desde aquel beso de Riu.

Y desde esa noche... no lo había vuelto a ver.

Ni en la escuela.

Ni en los pasillos.

Ni siquiera había respondido mis mensajes. Era extraño. Demasiado extraño y por primera vez en mucho tiempo, comenzaba a preocuparme.

Caminaba por el patio de la escuela perdida en mis pensamientos cuando una voz me sacó de ellos.

—¡Hey, Shino!

Giré ligeramente la cabeza buscando quién me llamaba hasta que vi a Javier acercándose a mí con su paso despreocupado de siempre.

—Hola, Javier —dije deteniéndome—. ¿Qué pasa?

Se acomodó el cabello negro con la mano antes de hablar.

—¿Qué harás esta noche?

Lo miré confundida.

—Ah... no lo sé. Creo que nada. ¿Por qué?

Javier sonrió.

—Haremos una fiesta. Ya sabes... último día antes de vacaciones. Queremos que vayas.

Lo pensé apenas unos segundos quizá salir me ayudaría a despejar la cabeza.

—Vale... acepto.

—Perfecto.

Se inclinó rápidamente y dejó un beso ligero en mi frente antes de alejarse casi corriendo. Me quedé mirándolo un momento antes de continuar caminando hacia casa. El cielo estaba gris y el aire frío rozaba mi rostro, pero lo único que ocupaba mi mente era el mismo pensamiento una y otra vez.

¿Por qué Riu había desaparecido así?

Cuando llegué a casa subí las escaleras rumbo a mi habitación, pero me detuve al escuchar que tocaban la puerta fruncí ligeramente el ceño bajé de nuevo las escaleras y abrí.

Y entonces lo vi.

Riu.

Su cabello castaño estaba desordenado, como si hubiera pasado horas pasándose las manos por él. Tenía ojeras marcadas bajo los ojos y su mirada... su mirada era distinta.

Fría.

Tensa.

Algo dentro de mí se inquietó.

No dijo nada.

Simplemente entró.

—Tenemos que hablar —dijo sin mirarme, dándome la espalda.

Cerré la puerta lentamente.

—Mira... si es por el beso...

No me dejó terminar se giró de golpe sus ojos estaban llenos de algo que nunca había visto en él. Rabia.

—No es sobre eso de lo que quiero hablar —dijo con la voz tensa—. Así que cállate y escucha.

Me quedé en silencio.

—No sé qué carajos pasa contigo —continuó— ni por qué hiciste lo que hiciste... y ahora ya ni me importa.

Fruncí el ceño, completamente confundida.

—Riu... ¿de qué hablas?

Su cuerpo se tensó aún más.

—No eres más que una mentirosa arrastrada.

Di un paso atrás.

—¿Pero de qué carajos hablas?

Sentí mi espalda chocar contra la pared mientras él avanzaba.

Sus ojos estaban llenos de ira.

—No quiero —dijo acercando su rostro al mío— que vuelvas a acercarte a mí... ni a nadie de mi familia.

Su respiración estaba agitada.

—¿Me oíste?

Sus palabras atravesaron mi pecho como un golpe.

—Maldita perra.

Por un momento nos quedamos mirándonos.

Algo dentro de mí comenzó a arder.

Rabia.

Dolor.

Confusión.

Lo empujé.

—¿¡Qué mierda te pasa!?

Riu dio un paso atrás sorprendido.

—¿Qué te pasa para hablarme así? —grité—. ¿Qué te pasa, Riu?

Sentí la garganta cerrarse.

—¡Lárgate de mi casa!

Pero él volvió a acercarse.

—No te quiero nunca más cerca de mí —dijo con frialdad—. ¿Entiendes?

Empujé su pecho.

—¡Fuera!

Lo empujé hasta la puerta y la abrí de golpe.

Riu me miró una última vez su expresión cambió apenas un segundo.

Dolor.

Pero desapareció tan rápido como apareció y se fue cerré la puerta apoyé la espalda contra ella y lentamente me deslicé hasta quedar sentada en el suelo, abracé mis rodillas las lágrimas comenzaron a caer.

No entendía nada.




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