El Dia Que Te Fuiste

10

Todos llegamos a casa de Estefani al caer la tarde Javier, Sandra, Eduardo y yo entramos al final. Sentí la mano de Estefani buscar la mía y entrelazar sus dedos con los míos mientras caminábamos por el pasillo en silencio. Nadie hablaba. Era como si todos temieran romper algo invisible que nos acompañaba desde hacía meses Cuando llegamos a la habitación de Rui, me detuve en la puerta.

Mi respiración se atascó.

Todo seguía ahí.

Los libros sobre el escritorio. La chaqueta que siempre dejaba colgada en la silla. Las fotografías pegadas en la pared. Incluso el aroma parecía permanecer entre aquellas cuatro paredes.

Y entonces lo recordé.

Aquel único beso.

La forma en que me había mirado, la forma en que había sonreído tragué saliva y solté la mano de Estefanía.

—Vamos, Shino —susurró ella.

Asentí.

Entré me senté en el suelo frente al televisor mientras los demás se acomodaban a mi alrededor. Sentía el corazón tan pesado que parecía imposible respirar Estefanía tomó un disco y lo colocó en el reproductor antes de presionar el botón, me miró sus ojos ya estaban llenos de lágrimas.

—Shino... última parada.

Y le dio play.

La pantalla se iluminó.

—¿Ya está grabando?

Escuché su voz mi corazón se detuvo era Rui su sonrisa, sus ojos, su forma de hablar como si jamás se hubiera ido apreté las manos hasta clavarme las uñas.

—Que sí, Rui —se escuchó la voz de alguien detrás de la cámara.

Él soltó una pequeña risa.

—Vale... hola, Shino— Miró directamente al lente como si estuviera mirándome a los ojos —Feliz cumpleaños— Su sonrisa se volvió más triste —Es gracioso... no llegué, ¿no es así?

Se cubrió el rostro unos segundos con las manos yo negué con la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a caer.

—No.… no...

Pero él continuó.

—Mira el lado bueno.

—¿Cuál...? —susurré entre lágrimas mirando la pantalla.

Rui sonrió.

Esa sonrisa que siempre lograba hacerme sentir segura.

—Que sigues sonriendo sin mí— Mi pecho se rompió —Eso es lo que siempre quise ver, Shino— Bajó la mirada un instante —Nuestros sueños... perdón por no poder cumplirlos contigo.

—No... —lloré.

—Shino, tienes que verlo.

Escuché la voz de Estefanía detrás de mí cerré los ojos un segundo y volví a mirar la pantalla Rui seguía ahí esperándome.

—La sonrisa de la que me enamoré fue la de una chica que ya había sufrido demasiado antes de conocerme— Su voz tembló —Nunca quise hacerte pasar por esto— Respiró profundamente —Pero vamos, Shino... tú puedes ser feliz sin mí.

Negué con fuerza.

—No...

—Claro que puedes.

Sonrió.

—Porque ya eras fuerte antes de que yo apareciera, Porque ya brillabas antes de que llegara a tu vida Y seguirás brillando cuando me haya ido— mis lágrimas caían sin control entonces él inclinó ligeramente la cabeza —¿Recuerdas nuestra promesa?

Asentí como si pudiera verme, como si realmente estuviera allí conmigo.

—Siempre seremos lo que ahora somos —susurré.

Escuché el llanto de todos a mi alrededor Rui sonrió una última vez la sonrisa más hermosa que jamás le vi.

—Te amo, Shino— Mi respiración se quebró —Siempre estaremos juntos, No importa el tiempo, No importa la distancia Y No importa dónde termine cada uno Porque una parte de mí siempre vivirá contigo Y una parte de ti siempre vivirá conmigo— Se llevó una mano al pecho —Y aquel beso... — Señaló su corazón —Estará aquí para siempre.

Sus ojos brillaron.

—Los quiero a todos Gracias por acompañarme hasta el final Y tú, Shino… Por favor... Sé feliz— Su sonrisa volvió a aparecer —¡Feliz cumpleaños, Shinooooo!

La imagen se congeló y la pantalla quedó negra silencio un silencio insoportable extendí una mano y toqué la pantalla como si pudiera alcanzarlo, como si todavía estuviera allí, como si el recuerdo pudiera escapar si lo dejaba ir cuando me giré, todos estaban llorando.

Sandra.

Javier.

Eduardo.

Estefani.

Todos.

—¿Cuándo...?

Mi voz se rompió No pude terminar la pregunta Estefani se acercó.

—La grabó la mañana del día que murió.

Sentí que algo dentro de mí se hacía pedazos.

—Shino...

Tomó mi rostro entre sus manos.

—Rui te amaba.

Y entonces ya no pude contenerme me lancé a abrazarla lloré como nunca antes y poco a poco sentí más brazos rodeándome como si intentaran sostener todos los pedazos de mi corazón.




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