El Diablo también llora

Capítulo 21

Después de transcurrir tres semanas en la clínica, Zafiro fue dada de alta para seguir en casa con los cuidados necesarios. Su mente seguía bloqueada sin lograr recordar nada de su pasado, solo unas cuantas imágenes borrosas y confusas que la perturban en las noches en medio de fuertes pesadillas. Nadie le explicaba lo que le había ocurrido, ella suponía que era un accidente pero en el fondo sabía que había algo más.

Gitana y Santana estaban esperando para llevarla a casa, ella observó el pasillo notando la ausencia del Diablo que quizás por fin se había cansado de sus desprecios. Extrañamente sintió tristeza por la  ausencia del hombre que consideraba su acosador.

Santana abrazó a su hija al igual que lo hizo Gitana, por fin el sueño de tener una familia se hacía realidad para él, ahora solo le faltaba ganarse el cariño de Gitana quien no lo determinaba en lo absoluto.

Diablo se encontraba en una de sus casas totalmente borracho, tanto como para olvidar que ese día daban de alta a Zafiro y no ir a la clínica. Por su parte Ranger no se despegaba de su amo, amaneció tendido en sus pies como el fiel amigo que siempre había sido desde el día que Diablo lo encontró en la calle siendo aún un cachorro. 

Gato al ver que su jefe no daba señales de vida decidió ingresar a su habitación que era el único  lugar que le faltaba por inspeccionar, forzó la cerradura tirando la puerta de un fuerte golpe y al ingresar encontró botellas vacías, colillas de cigarros esparcidas por todo el lugar y un hombre dormido en el suelo en medio de un desorden caótico con una fotografía en la mano de una pareja, la fotografía parecía ser muy antigua. 

Gato no pudo evitar sentir compasión por su jefe ante una escena tan deprimente. Normalmente el Diablo siempre se le veía sobrio y muy elegante aunque su estilo tenía una mezcla urbana que le daba un aire muy llamativo en las mujeres. Él intentó despertarlo pero el Diablo había ingerido tanto alcohol que sus intentos fueron inútiles, Ranger por su parte se levantó y saludó al Gato quien le devolvió una caricia en la cabeza mientras esté le lamía la mano. Cómo pudo alzó al Diablo lo llevó al baño, le quitó la ropa dejándolo solo en boxer  y abrió la ducha mientras Diablo le nombraba todas las palabras vulgares que conocía y lo amenazó de muerte una infinidad de veces.

Después de dejarlo allí, Gato bajó a la cocina y le pidió a la empleada que le preparara un café bien fuerte al patrón porque en verdad lo necesitaba.

Dos horas más tarde bajo el Diablo perfectamente vestido y con unos lentes oscuros que disimulaban su fuerte resaca, se tomó el café que le ofreció su empleada pero éste lo mandó a vomitar al baño nuevamente. Se lavó el rostro y viéndose en el espejo maldijo el licor, mientras sentía un fuerte dolor en su estómago revuelto y ni qué decir del dolor de cabeza que apenas le permitía caminar. Salió del baño abatido a punto de regresar a su cuarto pero Gato sacó  dos pastillas del bolsillo de su chaqueta y se las  entregó a su patrón.

— ¿Quieres terminar de matarme?— dijo el Diablo de muy mal humor.

— No señor, son para su resaca.

— ¡Maldición! no voy a volver a tomar una gota de licor en mi existencia.

— Señor usted  bebió demasiado. Pero estas pastillas lo harán sentir mejor, acabo de comprarlas en una farmacia. No se preocupe que no le van hacer daño.

— Eso espero porque en verdad lo necesito. 

— Señor ha olvidado usted que hoy sale la señorita Zafiro de la clínica.

— ¡Demonios! Es cierto a esta hora ya debe estar en casa de Santana. Debo ir a verla.

— En ese estado no creo que sea conveniente. 

— Voy a ir y no me importa que me siga despreciando. Acompáñame a casa de Santana porque no soy capaz de conducir. Te advierto que no debes mencionar una sola palabra de esto a Gitana.

— Como usted ordene señor.

Ranger también se unió a ellos a pesar que el Diablo no estaba seguro de llevarlo para evitar le la fatiga. 

Rogelio estaba en su casa furioso porque no lograba ubicar a Walter, se encontraba tomando un trago de Whisky y fumando un puro mientras pensaba que se había creído ese pedazo de imbécil que puede hacer lo que le da la gana. Llamó a Martin pero este no le supo dar razón de él, parecía que a Walter se lo había tragado la tierra, ese idiota no se imaginaba lo que le iba a  ocurrir cuando le diera la cara.

Santana llegó a su casa de muy buen humor y muy sonriente, dió órdenes a sus empleados para que se colocarán al servicio de su hija y de Gitana. Zafiro se veía un poco sorprendida por la casa  tan lujosa que tenía su padre Santana, también le llamó la atención la cantidad de personas que conformaban el esquema de seguridad, las armas la incomodaba un poco pero desconoce a ciencia cierta la razón.

Mientras caminaban hacia la habitación fueron abordados por Patricio Herrera quien no desperdició el momento para acercarse a  Zafiro diciéndole una palabra acertada que le sonrojaron las mejillas. Sin duda él era un galán de fina coquetería y su interés por Zafiro era más que evidente, hecho que a Gitana le desagrada bastante y no lo disimulaba en lo más mínimo.

— Señor Patricio, creo que en este momento lo único que necesita la señora Zafiro es descansar un poco — dijo Gitana con cara de desagrado.

— Tiene razón Gitana, ya tendré más tiempo para platicar con ella en otro momento. Me alegra mucho que estés de nuevo en casa y por cierto espero que el Diablo te deje descansar tranquila.

— Eso a usted no le debe importar — contestó Gitana sin dudar.

— Patricio necesito hablar contigo, deja que las mujeres vayan a sus habitaciones mientras tú me acompañas a mi despacho — propuso Santana.

— Por su puesto señor, le tengo excelentes noticias.

Ambos ingresaron al despacho pero en ese momento a Santana le informaron la presencia de el Diablo, quien ordenó que lo hicieran seguir de inmediato a despacho




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