Los días siguientes fueron una tortura silenciosa para Liam. Elena ya no estaba disponible para sus consultas amorosas. Cuando él intentaba acercarse a contarle sobre alguna de sus citas, ella lo cortaba amablemente diciendo que tenía que entregar un informe o ayudar a Leo en el laboratorio.
Ya no había sándwiches caseros, ni notas de ánimo, ni miradas de admiración en los pasillos. Elena seguía siendo una enfermera impecable y amable, pero la calidez especial que antes era exclusiva para Liam ahora parecía estar dirigida por completo hacia el nuevo residente.
— ¿Te pasa algo, Carter? —le preguntó el jefe de cirugía durante un lavado de manos—. Pareces distraído. Ayer casi dejas una pinza dentro de una sutura menor.
— No es nada —mintió Liam, mirando de reojo por la ventana del quirófano hacia el pasillo, donde vio a Elena helping a Leo a ajustarse el cuello de la bata.
Sintió que la mandíbula se le tensaba tanto que le dolió. Se dio cuenta de que no era solo molestia por perder a su "asistente de desayuno". Era algo mucho más profundo, oscuro y posesivo. Ver a Elena con otro hombre le estaba destrozando los nervios.