El DiagnÓstico Del CorazÓn

Capítulo 9: El Turno de la Noche

A las dos de la madrugada, el hospital estaba en una calma tensa. Elena estaba en el mostrador de enfermería de urgencias, tomando un té para mantenerse despierta, cuando vio aparecer una figura alta al final del pasillo.

No llevaba bata de médico, sino unos vaqueros sencillos y una chaqueta oscura. En sus manos traía una bolsa de papel de una pastelería abierta las veinticuatro horas y un termo térmico.

— Liam... ¿qué haces aquí? Tu turno terminó a las seis de la tarde —dijo Elena, levantándose.

— He venido a hacer una entrega —dijo él con timidez, dejando la bolsa y el termo sobre el mostrador.

Elena abrió la bolsa. Dentro había un panecillo de canela caliente y, al abrir el termo, el inconfundible aroma a café con un toque de vainilla inundó el espacio.

— Sé que no soy tan buen cocinero como tú —dijo Liam, mirándola con una vulnerabilidad que nunca antes había mostrado—. Pero me tomó tres intentos en mi cocina conseguir que el café tuviera la temperatura exacta. Y el panecillo es de la pastelería que sé que te gusta porque una vez lo escribiste en una de tus notas de desayuno.

Elena sintió que el corazón se le derretía, pero se mantuvo firme.

— Liam, no tienes que hacer esto por culpa.

— No es culpa, Elena. Es amor —él le tomó la mano sobre el mostrador, entrelazando sus dedos—. Lamento haber sido un idiota arrogante durante tantos años. Lamento haber dado por sentado cada uno de tus hermosos detalles. Pero te prometo que si me das una oportunidad, pasaré el resto de mi vida preparándote el desayuno, escuchando tus días y asegurándome de que nunca, ni por un segundo, dudes de lo mucho que significas para mí.

Elena miró sus manos unidas y luego los ojos azules de Liam, que por primera vez brillaban con una verdad absoluta, desprovista de cualquier rastro de vanidad.

— ¿Y qué pasa con el doctor Evans? —preguntó ella con una sonrisa traviesa.

— Le he asignado las guardias de fin de semana más difíciles del año —bromeó Liam, haciéndola sonreír—. Pero en serio... hablé con él. Le dije que lo sentía, pero que la mujer de su vida ya tenía dueño... si es que ella me acepta de vuelta.




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