El diario de Ana

Capítulo 18

Diana

No pude detener las lágrimas que brotaban de mis ojos, Ana no se ahogó por accidente ella se suicidó

Perdí la noción del tiempo mientras leía cada página de este diario, lo único en lo que puedo pensar es que Ana no se mató nosotros la matamos día a día con nuestras acciones, nuestras, miradas, nuestros desprecios y nuestro silencio.

No puedo parar de llorar levanto la mirada del diario vuelvo a mirar a mi alrededor y siento la soledad de la que ella tanto habla, y ahí en medio de la oscuridad la veo sentada sobre la cama, y en lugar de sentir alegría siento miedo porque la que está sentada en la cama solo es una versión distorsionada de mi hermana, sé que es un producto de mi imaginación pero tengo miedo y siento mucha culpa, se ve tan solitaria, tan triste y gris que no se parece al recuerdo que tengo de ella o quizás nunca la vi realmente, sólo vi aquello que yo quería ver.

Quizás es lo que hacemos todos, no escuchar realmente a las personas, no las vemos solo cogemos lo que necesitamos de ellas, y creamos otras versiones de ellas las que nos favorecen y las dejamos muriendo solas.

Al otro lado de la puerta escucho pasos se acerca alguien, y al escuchar la voz sé que es mi padre, me pongo de pie observo el diario ¿qué debería hacer con él? Si lo dejo aquí alguien lo leerá y no puedo permitir que vuelvan ha abusar de Ana, esta vez honraremos su memoria

Escondo el cuaderno bajo mi ropa abro la puerta y me cruzó con mi padre

_Buenos días, prepárate en 20 minutos vamos a enterrarla_

Dice con la voz apagada, y con la mirada perdida, mirando al interior de la habitación de Ana

_Enseguida voy_

Respondo entre zollosos y solo ahí soy consciente de que sigo llorando, las palabras de Ana siguen vagando por mi mente y recordar cómo retrata a mi padre en su diario me hace verle de otra manera

_Cierra la puerta, ya sabes que a ella no la gusta que entren en su cuarto sin su permiso y peor si dejan la puerta habierta_

Sin darme tiempo para respinder mi padre se da la vuelta y se va, en ningún momento me mira a los ojos, solo miraba el cuarto vacío se Ana, como si ella estuviera ahí. Quizás el también la ve ahí sentada sobre la cama.

Volvemos del cementerio y todo es tan raro es como si una parte de mí se hubiera quedado ahí, el camino de vuelta ha sido silencioso los rostros no tenían expresión alguna, creo que todos dejamos una parte de nuestro mundo en ese cementerio.

Al llegar a casa voy directo al patio trasero y desde ahí observo la ventana de Ana ya nadie volverá ha abrirla, estoy tan centrada mirando la ventana que sentir la mano de Alex sobre mi hombre me provocó terror

_No quería asustarte_. Dijo en un tono de voz bajo y triste, le observo y veo que también mira la ventana

_Tranquilo no pasa nada_ respondo triste y sin ganas

_La extraño mucho, no puedo creer que ya no esté aquí, para mi ella era mi mamá, no puedo creer que ya volveré a verla jamás_

Dice mientras se le quiebra la voz y rompe en llanto, volteo y le doy un abrazo, me tiemblan las piernas porque sé que ella nunca quiso ser la madre de nadie ella sólo era una niña que tuvo que crecer rápido

_Todos la echamos de menos Alex, la casa se siente vacía sin ella_

_Esa mañana, cuando ella se fue al lago la vi, ella me dio un abrazo y me dijo lo mucho que me quería, la pregunté que prepararía para cenar y me respondió que me sorprendería y no volvió_

Las palabras se mueren en mi mente al no saber que decir, aprieto más el abrazo.

Vuelvo al cuarto de Ana, recojo todos los libros que ella escribió, observo su habitación de nuevo y abandono el lugar, publicaré sus libros para cumplir su sueño de ser escritora, lo único que guardaré bajo llave será el diario de Ana.




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