El diario de Katy.

Desarrollo de sentimientos.

Si existiera una máquina del tiempo, Katy la usaría para una sola cosa.

Para no beber absolutamente nada.

Ni una gota, ni un sorbo, ni una maldita probadita de esas que te ofrecen con cara de no pasa nada; porque obviamente si pasaba algo.

Pasaba que ahora estaba tirada en su cama, con el estómago hecho un nudo, la garganta seca, y la cabeza doliéndole como si alguien le estuviera martillando el cráneo desde adentro.

Katy se removió entre las sábanas, gimiendo de fastidio.

El sol se colaba por la ventana como un enemigo.

La luz de la mañana era demasiado agresiva para alguien que había pasado toda la madrugada sintiéndose valiente, encantadora, invencible y, al parecer, también extremadamente cariñosa.

"No… no… no…" murmuró, con la voz ronca.

Tenía el celular en la mano, y su pulgar temblaba sobre la pantalla.

No quería abrir Instagram.

No quería abrir TikTok.

No quería abrir absolutamente nada, ninguna red social.

Pero el instinto de supervivencia adolescente era más fuerte que cualquier dignidad.

Y entonces lo vio.

El video.

Publicado por una de las chicas de su equipo de vóleibol, que gran traición.

Katy sintió que su alma abandonaba su cuerpo.

El clip tenía mala calidad, la cámara temblaba, la música sonaba saturada, y sin embargo todo se veía demasiado claro.

Ella estaba con la cara roja, el cabello medio despeinado, riéndose como si fuera el mejor momento de su vida.

Y Lina.

Lina, la rubia. La maldita rubia que la hacía delirar, que rozaba los límites de su jodida cordura. Esa mujer era definitivamente su perdición.

Parada frente a ella, con esa cara de saber exactamente lo que provocaba.

Katy apretó el celular con fuerza.

En el video, Katy le daba besos en la mejilla. Uno, dos, tres, como si no pudiera detenerse. Y luego, como si fuera lo más natural del mundo, la abrazaba, apoyando su rostro contra el hombro de Lina.

Y Lina no se apartaba, no se molestaba. Es más, sonreía un poco, como si disfrutara de la escena, como si disfrutara del espectáculo que ella estaba montando a vista del todo el mundo.

Katy se tapó la boca con la mano.

"Dios mío…" susurró.

Y lo peor no era eso, lo peor era el audio.

Porque aunque no se escuchaba todo, sí se escuchaban palabras. Se escuchaba a Katy diciendo algo con una voz dulce, arrastrada, borracha. Y el cuerpo de Katy se paralizó cuando se dio cuenta de lo que decía.

"Eres bellísima"

Katy se incorporó de golpe, ese par de palabras fue suficiente para traerle de recuerdo lo que le dijo a la rubia ese día.

"Eres bellísima, una sonrisa tuya me alumbra el día. Y cada vez que me miras, me pierdo en tus preciosos ojos color azul"

Se mareó tanto que tuvo que agarrarse de la cabecera de la cama.

"¡No! ¡No, no, no, no!" gritó sin poder evitarlo.

El grito salió más agudo de lo que esperaba. Su voz sonó como la de una niña desesperada, y eso la hizo sentir peor.

Ella no era una niña, era una estudiante de quinto año de secundaria, tenía diecisiete años. Era alta, jugaba vóleibol, era una de las titulares y posiblemente capitana del equipo.

Se suponía que debía ser fuerte.

No una chica que se emborrachaba y terminaba exhibiendo su corazón frente a todo el mundo.

Katy volvió a mirar la pantalla, como si el video fuera a desaparecer por arte de magia.

No desapareció, al contrario, los comentarios se multiplicaban. Uno tras otro, como una avalancha, como un castigo.

“La pareja más adorable del cole.”

“Debieron darle más alcohol a Katy para que besara a Lina.”

“BORRA ESA MARICONADA.”

“¿No podían grabar el sonido mejor? No se escucha nada emitida por Katy hacia Lina, salvo las dos primeras palabras.”

“Tengo curiosidad por saber qué pasó después.”

“Yo creo que ahora sí Úrsula asesina a Lina.”

“Deberían haberlo grabado con mejor calidad.”

“Eso qué… ahí falta un chico guapo como yo en el centro de las dos.”

“Qué asco.”

“El lunes veremos a las dos distanciadas, yo lo sé.”

“Me perdí la mejor fiesta de Úrsula.”

“¿Lina sabrá que Katy le tira al otro bando?”

“Pobre Lina, ahora todo el cole dirá que también es maricona.”

“Por eso no se deben juntar con gente de gustos raros.”

“Oye, se ven bien juntas, deberían salir.”

“Oigan, Lina sí es normal.”

“Ya quiero que sea lunes, por faaa.”

La alta dejó caer el celular sobre su cama, como si le quemara. Sintió un nudo en la garganta, no sabía si quería llorar, vomitar o desaparecer.

Sus manos temblaban, y no por la resaca. Por la vergüenza, por la rabia, por el miedo.

Porque en su cabeza, el lunes ya estaba escrito como una sentencia.

El lunes sería el día en que el colegio entero la miraría con esa mezcla cruel de morbo y burla, el lunes sería el día en que los chicos harían chistes, el lunes sería el día en que las chicas murmurarían cosas por lo bajo.

El lunes sería el día en que Lina la miraría diferente al enterarse de la verdad.

Katy tragó saliva.

Eso era lo peor, en el colegio.

Lina.

Porque Lina no tenía por qué seguir siendo amable, Lina no tenía por qué seguir jugando a ser su amiga cuando su reputación se viera comprometida.

Lina podía reírse de ella, Lina podía humillarla; como antes solía hacerlo.

La alta apretó los ojos.

Y lo más triste de todo era que una parte de ella, una parte patética y adolescente, no se arrepentía de haberla abrazado. No se arrepentía de haberle dado besos en la cara, no se arrepentía de haberla mirado como si fuera lo más importante del mundo.

Porque en ese momento lo había sentido, había sentido que Lina era su casa.

Y eso era lo más estúpido.

Porque Lina nunca había sido su casa. Lina había sido una tormenta, una tormenta hermosa, una tormenta cruel.

Katy se dejó caer hacia atrás, tapándose la cara con el brazo.



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En el texto hay: diario, lesbiana, chicas amigas

Editado: 21.02.2026

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