22 de octubre de 1948
Hoy, por la mañana, cuando me dirigí a la escuela, todo volvió a repetirse apenas crucé el portón principal. El estaba allí, sentado en las escaleras, con el abrigo oscuro cerrado hasta el cuello y la libreta apoyada sobre la rodilla, dibujando en silencio como hacía siempre. Las chicas aún no habían llegado. No hice broma alguna está vez, simplemente me acerqué a él.
Nos saludamos de la misma manera de siempre, con pocas palabras, y caminamos juntos hacia el aula. Una vez que llegamos, nos sentamos en nuestros lugares y comenzamos a conversar en voz baja. Al poco tiempo, vi que Shura se acercaba a nuestra mesa. Nos saludó con una sonrisa, aunque pude notar que estaba algo extraña. Sin decir demasiado, me entregó una nota doblada, casi apretada entre sus dedos, y regresó a su asiento.
Para mí y para Kirill fue extraño. Él me miró con curiosidad, intentando disimular su interés, pero supuse que quería saber qué decía. Abrí el papel con cuidado, era pequeño, como arrancado a prisa de su cuaderno. Me pedía hablar conmigo a solas durante el recreo. Sentí algo de inquietud en el pecho, mezclado con curiosidad, aunque intenté fingir calma para que no se notara.
Seguí hablando con Kirill como si nada hubiera ocurrido. Cuando comenzó la hora de clase, él prestó atención a la lección sin distraerse, como siempre hacía. Para mí fue diferente, cada vez que intentaba escuchar a la profesora, otro pensamiento me atravesaba en mi mente y me alejaba de la clase. De vez en cuando miraba a Shura de reojo, pero ella no me devolvía la mirada. Aun así, noté que estaba nerviosa, más seria que de costumbre, distinta incluso a Zenya, que parecía ajena a todo.
Me resultaba demasiado extraño que quisiera hablar conmigo de forma tan reservada, no era algo propio de ella. Shura siempre decía las cosas de frente, sin temor ni vergüenza, sin ocultar nada a nadie. Sus opiniones siempre fueron dichas al instante y por eso, esa razon me desconcentraba más. Empecé a desear con ansiedad que el recreo llegara de una vez.
Parece que mis nervios se hicieron visibles, porque Kirill lo notó y me preguntó en voz baja si todo estaba bien. Le respondí que sí, sin pensarlo demasiado. Para no parecer intranquilo, me acomodé en el asiento y fijé la vista al frente, aunque mi mente siguió en los mismos pensamientos.
Pasaron unos minutos más y, finalmente, sonó el timbre del recreo, todos ya salieron al pasillo. Antes de que yo me levantara, Kirill volvió a preguntarme si algo había pasado entre yo y Shura. Le dije la verdad, no lo sabía. Él asintió sin preguntar más y me dejó ir, aunque su expresión seguía seria.
Como no vi a Shura dentro del aula, supuse que ya se había ido. Me acerqué a Zenya para preguntarle si sabía dónde estaba y me dijo que me estaba esperando en el patio escolar, cerca del árbol grande, el que quedaba junto al muro de ladrillo.
Salí del aula y caminé lentamente hacia allí, mis nervios crecían más y mas en mi. De reojo, vi a Zenya hablando a lo lejos con Kirill, mientras yo seguía yendo hacia donde ella estaba. Shura estaba allí, de pie bajo el árbol, esperándome. No había casi nadie alrededor, el patio estaba silencioso y vacío.
Nos quedamos hablando durante casi todo el recreo. La conversación fue larga y tranquila, aunque al principio me sentí tenso. Sus palabras me sorprendieron, no esperaba aquello. Había algo serio en su voz, algo que no solía mostrar cuando estaba con los demás. Aun así, lo que dijo terminó por aliviarme, y por un instante sentí calma, como si el frío hubiera dejado de importarme.
Volvimos al aula unos minutos más tarde que los otros. Apenas entré, Kirill clavó la mirada en mí y pude verlo preocupado. Cuando me senté, me preguntó en voz baja si todo estaba bien. Le respondí que sí, pero mis ojos enrojecidos parecían contradecirme. Agaché la cabeza para evitar miradas, no quería que nadie, ni siquiera el otro grupo, que me viera así. Le pedí a Kirill que no le diera importancia y que no se enojara con Shura, que nada malo había ocurrido.
Siguió pidiéndome explicaciones, con paciencia, pero no quise decirle nada. No pensaba contarlo.
En la segunda hora de clase intenté tranquilizarme, aunque nuevamente me costó prestar atención. Mi mente regresaba una y otra vez a lo que habíamos hablado. En algunos momentos pude sentir la mirada de Kirill sobre mí, pero él no dijo nada y permaneció en silencio.
Así transcurrió el resto del día escolar. En clase seguía algo inquieto, pero a medida que pasaban las horas el peso en mi pecho parecía hacerse más liviano. Durante los recreos nos juntamos los cuatro como siempre, aunque yo evitaba mirar directamente a Shura. Me sentía nervioso todavía.
A la salida de la escuela, nos reunimos en la misma esquina de siempre. El viento era más frío y la calle estaba casi vacía. Kirill me preguntó si quería que hiciéramos algo ahora, pero le dije que me iría con Shura. En unos segundos ya nos habíamos marchado. Vi la expresión de Kirill confusa, y note que tanto él como Zenya tenían curiosidad por la situación.
Caminamos directo hacia un parque cercano. Mientras avanzábamos por las calles nevadas, conversábamos de cosas simples, sin tocar el tema y por un momento, me lo olvidé completamente. En el parque casi no había gente, la nieve cubría los bancos y los juegos. Nos divertimos allí un rato, aprovechando que el lugar estaba vacío. Cuando llegamos a las hamacas, seguimos hablando, hasta que ella volvió al asunto de antes. Conversamos con calma, aclarando algunas cosas. Intentaba que yo me sintiera mejor.
Permanecí junto a ella un rato más y luego le comenté que debía irme, porque tenía mis clases de fútbol. Lo comprendió al instante. No quise que ella regresara sola, así que tomamos un autobús. Primero la acompañé hasta su casa y luego continué hacia mi edificio.