1 de noviembre de 1948
No tengo mucho en que contar lo que hice el fin de semana, me la he pasado encerrado en el edificio y solo con mi madre. Aquel no había aparecido, fue casi el fin de semana más tranquilo aunque sinceramente me aburrí demasiado.
Había esperado en esos días que me llamara, no me quite de la mente aquello. Pero no he recibido ni una llamada, ni un mensaje, y con eso empecé a creer que el domingo no nos juntaríamos. Y al final, fue así.
Después de terminar el fin de semana, había preparado todo para mañana ir a la escuela. Cuando me estaba a punto de irme a dormir, ya ahí si paso lo peor.
A esa hora era algo tarde y el llegó, en ese momento yo me encontraba en mi habitación y mi madre en la cocina. Sentí gritos de abajo, pero no me atrevi a bajar.
Al escuchar pasos apresurados por las escaleras, me asusté más de lo que estaba.
No quisiera escribir de lo que había pasado, luego de todo ese horrible rato decidí ya acostarme aunque me sentía demasiado mal.
A la mañana, mi madre me levanto temprano. Me sacudió con delicadeza para despertarme, cuál no tarde mucho en hacerlo. Cuando estuve por salir de la cama, ella me lo impidió tomándome algo fuerte de la muñeca.
Le pregunté confundido sobre eso, ella solo se disculpo y me pidió que me sentara en la cama. Confundido, aún seguí su petición y me senté. En su otra mano ella traía un set de maquillaje para cubrir la cara, lo abrió como si nada fuera, pero la detuve al instante cuestionandola de nuevo sobre que era lo que quería.
No quiso que nadie se entere ni vea mis moretones, pidió seriamente que no pierda el tiempo en quejarme. Me quedé callado y dejé que lo hiciera, no tardo mucho en cubrirme, pero me pasó repetidas veces por el ojo ya que parecía no ser suficiente.
Cuando termino, se despidió de mi yéndose directo a dormir. Yo solamente me fui a preparar para irme, una vez listo me marche del edificio.
En cuanto llegue, ni me tomé el tiempo de fijarme si el estaba ahí, solamente fui directo hacia el aula. Sinceramente lo hice porque temia a qué el maquillaje no fuera suficiente o que alguien lo pudiera notar, preferia que no me vieran tanto.
Kirill estaba en el aula, dibujando como siempre, parecía estar demasiado tranquilo y concentrado. Pero en cuanto apenas ingresé, levanto la mirada hacia mi y cerró su libreta. En ese momento no supe, pero ya parecía no estar molesto conmigo y eso me alegro, pero por otro lado justo en mi peor momento.
Lo saludé en cuanto me senté, acomodando mi mochila sobre la silla. Tenía una expresión extraña y confusa hacia mi, diciendome que me notaba algo raro. Eso me puso nervioso de golpe, esperaba a que no se diera cuenta o que se refería a otra cosa.
Le negué, diciendo que todo estaba bien y deje el tema, pero al parecer no me creyó en lo absoluto. No espere en que pasará su dedo rápidamente, ni me di el tiempo para evitarlo ya que me tomo desprevenido.
Se quedó mirando unos segundos, con el ceño fruncido, y yo estaba totalmente preocupado, pensando rápidamente que excusa inventar. El me cuestionó el porque, pero gracias a la profesora que pedía la tarea me salvó en ese momento.
El se levantó para entregar la tarea, sabía que cuando volvería no iba a dejar pasar el tema como si nada. Me sentí totalmente asustado de que empieze a sospechar y se me ocurrió en qué en el recreo estaría encerrado nuevamente en el baño, iba a evitar a cualquiera.
Mi cuerpo estaba tenso, intentaba inventar cualquier excusa que sea creíble antes de que vuelva. De repente, sentí que me tocaron la espalda suavemente así que me gire a ver. Era Irenka, con esa estúpida sonrisa, pidiendo unas disculpas falsas por lo de la otra vez y por último, quiso pedirme un favor. Quiso que intercambiemos nuestros asientos, solo por hoy.
Lo dude, pero sabía que no tenía mucho tiempo para decidirlo. Vi a Kirill, parecía estar explicandole algo a la profesora, así que accedí al final. Nos cambiamos de asiento, pase mis útiles para atrás. Ella parecía entusiasmada con eso.
Permanecí en silencio, teniendo mi mirada fija en el cuaderno. No estaba pensando en nada, simplemente me sentía demasiado inquieto e incómodo, trataba de disimularlo.
Estuve callado, sin decir ni una palabra ni moverme mucho, solo estuve esperando todo esos minutos la hora del recreo. En cuanto al fin llegó, sali del aula con apuro y vi que Kirill quiso seguirme, pero por suerte me pedio de vista entre la multitud del pasillo. Fui de nuevo a estar solo encerrado en el baño, era demasiado incómodo estar ahí, pero no tenía otra opción.
Durante todo el recreo, estuve encerrado en el baño. No quise ver a nadie ni hablar con nadie. Cuando sonó el timbre para regresar a clase, tarde unos minutos en salir, no me sentía del todo animado aún.
Cuando llegue al aula, en mi asiento note una pequeña nota que me había dado curiosidad. Era de Kirill, que pedía hablar a solas, pero solo aprete el papel arrugandolo y tomandolo como basura. Seguro el estaría esperando mi respuesta.
Así paso el día, sin hablar con nadie y en el recreo me quedé en el baño. Shura había faltado, seguro se había enfermado o ido de viaje a visitar a unos familiares, ya que siempre esas eran las únicas razones cada que no estaba presente.
En cuanto llegó la hora de la salida, me adelante guardando mis útiles unos segundos antes de que la clase terminara y salí sin mirar atrás. Pensé que el iba a seguirme para hablar las cosas, pero no fue así y me evito la mirada cuando cruce con el, me pareció extraño, pero no pensé en eso.
Mientras caminaba, había decidido no ir al edificio y preferí ir tarde, quería estar a solas en otro lugar. Camine dirigiéndome directo hacia la nieve, a una parte donde no hubiera nadie. Me quedé allí, solo, y por más que el frío rozaba todo mi cuerpo, no le di importancia.