5 de diciembre de 1948
El día de hoy fue uno tranquilo, sin nada demasiado emocionante ni agobiante. Fue un día totalmente normal y aliviado, no me había sido algo aburrido, un día así no me venía mal.
No tendré mucho que contar del día de hoy aún así, más que estar en la escuela y pasar todo el día junto a mi grupo. Mas que solo al estar en clases no pude estar mucho al lado de Kirill, a solas.
Conversamos como cualquier otro día, me preguntó sobre la cabrita y después de contestarle, pregunté por Nadya. Los dos se encontraban bien, pensamos en ese momento que sería buena idea hacer que se conozcan.
Recordé que debía de ponerle un nombre, cuál le pedí ideas a Kirill. En ese rato fue la única clase donde no presto tanta atención y solo me ayudaba a pensar aquel nombre, ambos sugiriamos ideas que al final no nos convencían.
A quien se le ocurrió el nombre fue a el, concorde ante esa idea y desde ahora lo llamaré así. Se llamará Nochka.
Después de un largo día escolar, me despedí a la salida de mi grupo ya que mi tío fue quien me llevo hacia la casa de mi abuela. Estuvo compartiendo un rato con nosotros, comiendo y charlando. Y al final, con respeto pedí retirarme de la mesa así poder descansar.
Cuando me estuve vistiendo, pensé en llamar a Kirill, pero el teléfono ya no estaba en la habitación. Creería que se descompuso o lo tuvieron que sacar, no fue algo relevante para mí.
Dormí varias horas, pero no dure hasta la noche. Mi abuela me despertó a la tarde para que fuera a merendar, al levantarme con hambre acepte sin dudar.
Estuve todo el día en la casa con ella, yo solamente me prepare una taza de café a mi gusto, mientras que ella solo una pequeña taza de té negro. Me comentó que si tomaba mucho me haría mal, por eso le respondí que no lo hacía seguido y solo aprovechaba el momento.
Dejaron entrar a Nochka pocas horas después, al principio corrió por cada rincón de la casa, pero sin hacer escándalo o romper algo. Pensé que solo quería conocer la casa o acostumbrarse.
En cuanto volvió a la cocina se tranquilizo y se quedó a mi lado, no pude no acariciarlo en su cabeza. Mi abuela me preguntó si ya le había puesto nombre, conteste con entusiasmo.
Fue una tarde relajante, hablamos demasiado tiempo en la cocina hasta el momento de cenar. No fue solo eso, si no que anteriormente le ayude con algunas tareas de la casa.
En ocasiones, en cuanto cenabamos juntos a ella, no podía esquivar soltar un comentario del abuelo. No me causaba tristeza, solo curiosidad ya que el había fallecido desde que yo era pequeño y nunca lo llegué a conocer.
Cuando ella lo mencionaba, el resto de mi familia le respondía. Pero ahora que yo estoy solo, por más acostumbrado que este, no sabía que responderle.
En un instante le pregunté porque había sacado el teléfono de la habitación, cuál aclaro que sacó todos los teléfonos de la casa ya que se habían descompuesto. Sinceramente no le creí, pero no quise decir más nada del tema.
Al terminar de cenar le ayude a mi abuela y de allí me fui hacia la habitación, nuevamente vistiendome y preparando todo.
Ahora me tendré que acostar, hubiera querido poder antes hacer una llamada a el, pero solo ahora estaré viendo un poco de televisión antes de dormir y después de dejar esto en mi mochila.