El diario de Matvey

CAPITULO CUARENTA: 8 de diciembre

8 de diciembre de 1948

Hoy no he ido a la escuela, no tuve la voluntad para ir, tampoco me mantenía en ánimo como para hacerlo. La única razón por la que me levanté en cuanto el reloj sonó fue para despertar a mi abuela, comprobar cómo estaba.

Apenas podía hablarme y respiraba lentamente, aunque hubo poca luz que la reflejara podía notar su cara pálida. Eso hizo crecer mi preocupación.

No me importo que haya sido una hora temprana y me abrigue para salir, puse mi mochila tras la espalda por las dudas y estuve decidido en ir al hospital más cercano. Tuve suerte de que ya supiera el camino ya que no estaba tan lejos, apenas unas pocas cuadras.

Me acerque a la recepción para informar lo que pasaba, me habían dejado llamar a alguien que se pudiera hacer cargo. Sin dudar llame a mi tío, pero no había contestado enseguida.

Cuando ya he hablado con el, decidí esperar hasta que llegara mientras estaba sentado en una de las sillas en la sala de espera. En poco tiempo llegó, junto a mi abuela, que caminaba con muy pocas fuerzas.

Me pidió que suba al auto y espere allí, sin cuestionarle mucho. No sé cuánto tiempo espere, me quedé mirando el techo del auto hasta que me dormí del cansancio y el aburrimiento.

Ya cuando mi tío ingreso solo al auto, me desperté de inmediato y no pude evitar preguntar que le sucedía a la abuela. Comento que estaba demasiado enferma y quedaría unos días en el hospital, que el se iba a encargar de todo y yo no me preocupara.

Le pregunte que voy a hacer yo, en dónde iba a vivir. El me comentó que no sabria, el no podía mantenerme y los demás de la familia vivían demasiado lejos. Aunque supe que eso no era lo que importaba, porque aún si vivieran cerca ni me quisieran.

Menciono que me quedaría el día de hoy solo en la casa de mi abuela, mañana ya pensaría que hacer conmigo. Entendí y no le discutí, pero me sentí nervioso ya que no quería tener la posibilidad de regresar al edificio.

Me dejó en la casa de la abuela y se marcho de allí, cuando ví el reloj note que ya a esa hora yo saldria de la escuela. Deje el abrigo sobre el sofá y fui a la cocina a buscar algo de comer.

Pensé que estaría solo hoy, sinceramente. Empecé a extrañar a mi abuela cuando me acompañaba a comer, hablar con ella. El silencio que ahora había en la casa era pesado.

Aún no había acabado de almorzar y estaba con el plato a la mitad, sentí que tocaron el timbre. Eso me detuvo, me quedé pensando si ir a atender o no.

Me levanté sigilosamente de la mesa y fui hacia la habitación, sin que mis pasos se escuchen. De allí quería ver quién era, en cuanto lo hice fui apresurado a abrirle.

No me espere que viniera a visitarme, al apenas lo ví lo abrace. Kirill me devolvió el abrazo, preguntandome porque había faltado el día de hoy y si yo estaba bien.

Lo hice pasar, mientras le servía un poco de la comida que encontré le dije que mi abuela estuvo enferma y la llevamos al hospital. Estuvimos hablando un poco de eso en aquel entonces.

Estaba preocupado por dónde iba a vivir y quien me cuidaria, el me aseguro que si me gustaría podría quedarme en su casa. No acepte, solo le aclare que podría ir de vez en cuando. Espero que mañana las cosas no cambien mucho.

En cambio, se me ocurrió invitarlo a dormir ya que tendría la casa sola y dudaba que si algún familiar llegaba. El acepto sin pensarlo mucho, su compañía me había sido lo único bueno de este día.

Le pregunté cómo le fue hoy y como estaba el grupo, respondiendome que todo bien como siempre. Cuando terminamos de comer, fui quien lavo los platos y le prohibía a Kirill que lo hiciera, suerte no insistio mucho.

No sabía que proponerle para hacer, dentro de la casa no había algo entretenido mas que mirar televisión. Si veniamos aquí con mi madre era solo para visitar a la abuela y compartir momentos con ella, no solíamos quedarnos mucho tiempo.

Le enseñe como estaba Nochka, jugamos un rato con el. Fue demasiado tierno ver cómo corría y saltaba, no lo dejábamos de acariciar.

Deseo que mañana a dónde sea que vaya venga conmigo, no me gustaría dejarlo solo o que se lo den a alguien más. Zenya me lo regaló hace poco, pero ya le tome mucho cariño.

Mas tarde ambos nos habíamos cansado de jugar con la la mascota y nos sentamos en el techo, que gracias a una escaleras de ahí subimos, viendo el atardecer.

Conversamos tranquilamente, de diferentes temas y pensamientos, entre más cosas. En un momento fui algo tímido, aunque ya debería estar acostumbrado, y tome su mano.

Quedamos así por un largo tiempo, sin más que hablar, ya la cabrita estaba durmiendo sobre una alfombra. En un instante empezó a anochecer, aún nos quedamos un tiempo más.

Al momento de entrar a la casa, hemos cenado y después ordene todo antes de dormir. He lavado los platos y le di de comer a Nochka, después de eso nos fuimos a acostar.

En esa olvidé por completo que el no tenía cama para dormir, tenía la de mi abuela, pero no pensé en mandarlo ahí. Podria enfermarse, depende de lo que haya pasado. No estaba del todo seguro, pero no me iba a arriesgar.

Tendríamos que compartir la cama, a pesar de que el espacio sea pequeño. Me siento realmente avergonzado, no solo porque no estaba acostumbrado ni he imaginado que dormiria con el, sino la lastima de no tener un lugar más presentable.

Deje mi uniforme sobre la silla, ajuste el reloj para irnos temprano y por último cerré las persianas de la habitación. Ya ahora me iré a acostar, nos quedaremos viendo televisión hasta dormir.

Siento mi cuerpo realmente tenso, mis mejillas coloradas y no podía dejar de sonreír nerviosamente. Ni siquiera lo puedo disimular, mientras escribo esto en el escritorio aunque este de espaldas está burlandose de mi.



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En el texto hay: #boyslove, #secretos, #asesinato

Editado: 06.03.2026

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