Mi cara no siempre fue lo que más me preocupaba, pero desde los trece años la gente empezó a decir que un poco redonda, que tenía papada, sobre todo los niños de mi escuela. Al final terminé creyéndomelo, y así mi cara fue mi primera inseguridad.
Aunque mi madre dice que soy hermosa, eso no quita que tenga demasiados cachetes o papada. Tengo que aprender amar mi cara ; tal vez algún día lo haga, pero no por ahora no puedo.
Quizá pueda aprender a amarlo poco a poco, porque todos somos perfectos ante los ojos correctos y también ante los ojos de Dios.
Editado: 13.02.2026