El Diario de Simone Mechnik

Prólogo

Cuando miras en retrospectiva, sabes que nunca podrás decir cuándo fue que tu vida se transformó tanto. Es decir, mírame. No tengo idea de lo que pasa, de lo que pasará, ni de lo que ha pasado. Intento llegar al fondo de mi memoria para recuperar esos viejos recuerdos que ya han quedado ocultos y sepultados. Yo sabía que eso pasaría. La regla primordial es olvidar el pasado. Es fácil decir a los demás que en realidad no piensas más en tu familia y en tus errores. Te engañas a ti mismo, pero lloras cada noche hasta que ya no puedes más.

Nunca le había contado esto a nadie, pero creo que ha llegado el momento de hacerlo. Kai dijo que debía escribir mi historia para poder enfrentar al fin a todos esos demonios que me atormentan cada noche. Tal vez, si lo hago bien, Madre me permita dejar este libro en su despacho. En ese librero lleno de todas las historias de quienes, como yo, encontraron su destino.

No tengo idea de cómo comenzar. A decir verdad, esto no se me da muy bien.

El dolor ya es insoportable. Y sé que cuando llegue al punto más álgido, se volverá mortal. Es esa clase de dolor que te persigue, que punza y que se convierte en una tortura a pesar de que todas las heridas ya hayan cicatrizado. Hay algunas cicatrices que pueden abrirse en cualquier momento.

Quiero que sepas que todo lo que voy a contar es totalmente cierto.

Todo lo que voy a decir forma parte de mi alma. De mi pasado. Sé que tú podrías ser como yo, así que mis palabras quizá te ayuden a saber que no estás solo en el mundo. Que siempre hay un sitio al que perteneces. Y es que siempre fuimos incomprendidos. Marginados. Satanizados. Era un infierno existir y tener que ver a nuestras propias familias borrando cada prueba de nuestra existencia.

Primero, debes saber que hay un hotel que alberga a quienes son como nosotros, pero que sólo puede ser visto por quienes llevan nuestra sangre corriendo por sus venas. Es un sitio donde todos nos sentimos dentro de nuestro hogar.

Aunque…

A decir verdad, eso forma parte de la historia de cada uno.

Parte de nuestro legado es no pertenecer a una familia. Quienes te dieron la vida, te rechazarán al descubrir lo que se oculta dentro de ti. Es parte de sus instintos de supervivencia. Es parte de lo que los hace humanos. Y es parte de nosotros esa necesidad de sentir odio hacia quienes no pertenecen a nuestro círculo. A nuestra especie. Es algo con lo que naces y que aceptas mucho antes de darte cuenta de que eres un ser vivo.

Y esa es una gran ventaja.

Imagina el caos que sería si alguno de nosotros no tuviera idea de lo que sucede en su interior. Tener que ayudarles a aceptar que no son humanos podría ser una pérdida de tiempo.

Bueno, no es que nunca haya pasado… Hubo algunos con esa clase de problemas.

Así que tengo que buscar una manera de introducirte a mi historia.

Como ya dije, tal vez tú también seas como yo. Y si es así, ya somos hermanos. De esa clase de hermanos que se pueden elegir, pero que no llevan tu sangre en las venas. Al menos, así era como Dissey nos describía en aquellas noches cuando pasábamos las horas en vela. Jugando y riendo en el Barranco, lanzando rocas al lago y mirando los mapas en el cielo. Preguntándonos si alguno de nosotros recordaba lo que era soñar. Pensando en cuántos de nosotros estarían ahí, en el mundo. Solos. Sin haber encontrado aún su destino.

Cada uno de nosotros posee una historia que quiere olvidar y un futuro que quiere evitar, así como un presente miserable que ninguno cambiaría, pues eso significaría renunciar a lo que nos hace especiales. A lo que nos hace parte de un todo. A lo que nos unió en un primer momento y nos demostró, en los momentos de mayor desesperación, que las mejores experiencias de la vida siempre llegan después de la tempestad.

En el Hotel conocí a chicos y chicas, niños y niñas, hombres y mujeres que poseían habilidades inhumanas que el resto de los mortales no pueden siquiera concebir en sus mentes pequeñas y cerradas. Eso era lo que decía Timer cada vez que escapábamos a la ciudad, donde los mortales seguían con sus vidas sin fijarse en ese grupo de seres que los observaban. Al menos, hasta que notan nuestra presencia y entonces con una simple mirada podemos sembrar el pánico.

Nosotros aterramos a los mortales, pues los débiles siempre le temen a lo desconocido.

Creo que estoy yendo un poco rápido, y que posiblemente no estás entendiendo.

¿Puedes culparme?

Si de mí dependiera, no me detendría a explicar todo lo que ya sabes. Pero quizá no eres uno de nosotros. Quizá no tienes idea de lo que estoy diciendo. Quizá sólo piensas que esto no es más que otra aburrida historia de ficción.

Seas quien seas y pertenezcas a donde pertenezcas, hay algo que quiero preguntarte.




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