El diario de Tom

Lo que odio de ti

—Cielo, ¿¡Pero qué te pasó!? ¡Estás como si te hubiera arrollado un tren!—exclamó mi madre al verme esta mañana cuando, después de pasar una dolorosa noche durmiendo en el pórtico de mi casa, regresé caminando derrotado al hospital.

—No fue mi mejor noche...

Ella pasó sus manos por mi cabello, sacudiéndolo con cariño, como queriéndome reanimar.

—Ay, mi vida, lamento no haber llegado anoche a casa. Estaba nerviosa y preferí quedarme en caso de que Jerry necesitara algo. Pero ahora me siento mal por no haber estado contigo y ayudarte con ese insomnio.

—No fue tu culpa, a veces me pasa—respondí bostezando. —Hoy seguro dormiré mejor.

Noté como mi madre no dejaba de ver las amplias ojeras que se habían formado debajo de mis ojos enrrogecidos. Yo sólo podía imaginar lo acabado que me veía.

—No pudiste dormir porque estás nervioso por Jerry, ¿verdad?— preguntó ella abrazándome. Me hizo sentir un poco reconfortado. —Debes estar muy angustiado por tu amigo. Sin duda tienes un corazón gigante.

En ese momento casi dejo escapar el clásico: "¡No es mi amigo!", pero supe controlarme a tiempo.

Mi madre no necesitaba conocer el verdadero motivo de mi desvelo y, si en su imaginación la razón se debía al tarado de Jerry (que debo admitir, en parte así era pero no por lo que mi ingenua y dulce madre creía) entonces lo dejaría ser. Ahora lo único que en verdad quería era comer. Con urgencia. ¡Ya!

—Mamá, ¿podrías darme algo de dinero para desayunar algo?

—¿Cómo dices? ¡Thomas! No me digas que te has saltado el desayuno—exclamó arquenado las cejas.

—Tenía... prisa por venir a ver cómo seguían las cosas.

Mamá sonrió con dulzura y me plantó un beso en la frente.

—Mi niño vale oro—dijo mientras me extendía un billete—. Toma, ve y cómprate algo. Pero que no sea sólo azúcar ¿eh? Y recuerda que tienes que cuidar tu consumo de carbohidratos, y cielo, no olvides lavarte las manos.

—Si, mamá—le respondí mientras avanzaba perezosamente hacia el restaurante que estaba cruzando la calle del hospital.

Mi madre aún continuaba soltando indicaciones de las cuales sólo escuché "¡Thomas! fíjate antes de cruzar la calle ¡No quiero tener a dos criaturas hospitalizadas!" y "¡¡No se te olvide decirles que eres intolerante a la lactosa!! ¡Cieloo!"

—¡¡Si mamá!!—Contesté, desapareciendo de su vista.

Amo a mi madre, pero es difícil aceptar que nunca me dejará de ver como un niño de 5 años por mucho que crezca. Aunque admito que se siente bien que al menos alguien en este mundo se preocupe por mí.

¡Ja! Qué pensamiento tan infantil...

_____________________

—El chico ha despertado—nos indicó el especialista una vez que crucé por la puerta de vuelta a la sala.

De pronto sentí como si una enorme carga se hubiera liberado de mis hombros. Mi madre sonreía, mirando al doctor y luego a mí, después levantando la cabeza hacia el cuarto donde tenían hospitalizado a nuestro irritante inquilino.

—El paciente presenta un par de contusiones y una pierna rota. Necesitará reposar aquí otro par de días. Después de eso veremos cómo evoluciona. Lo más probable es que regrese a casa pasado mañana; claro que con un yeso y un buen número de analgésicos.

Mi madre suspiró aliviada.

—Gracias al cielo—exclamó llevándose una mano al corazón—. ¿Podemos pasara verlo, doctor?

—Por supuesto. Pero antes, me gustaría hablar con usted—dijo el doctor dirigiéndose a mí. Yo parpadeé. Estaba un poco confundido pero asentí.

Seguí al hombre quien me encaminó a un pasillo. Mi madre nos miraba curiosa a lo lejos.

—Eh... ¿Está todo está bien?— Pregunté dejando soltar un bostezo involuntario.

—Usted nos ha mentido, joven.

"Mierda..." Pensé "Jerry al final sí me delató".

No podía culparlo. Probablemente yo hubiera hecho lo mismo en su lugar. Aún así, no pude evitar sentirme sorprendido. Llegué a creer que Jerry no me odiaba tanto como para hacerlo...

"Eres un idiota, Thomas" pensé. "Le rompiste una pierna. ¡Claro que iba a querer desquiarse! Además a tí no te debe nada. Ni siquiera le agradas. Era obvio..."

La ansiedad casi provoca que mi corazón se detenga al imaginar cientos de policías entrando por la puerta del hospital, llevándome preso a rastras, mientras Jerry reía diabólicamente a lo lejos.

—El jóven Jeremy Brown me ha dicho que su caída fue desde el segundo piso. No por las escaleras—dijo el doctor, mirándome de forma seria a través de sus anteojos.

...

—¿Qué?

—Me ha hecho la aclaración de que su caída fue desde el segundo piso al intentar hacer una acrobacia por el barandal de la escalera. Seguramente confundiste el sonido. De cualquier forma, parece que todo irá bien. Tu testimonio no afectó los análisis y el diagnóstico del paciente continúa siendo favorecedor.

No podía creerlo... ¿Porqué Jerry había mentido? No pudo haber sido para protegerme.

—Oh. Eso... Me da mucho gusto. Gracias, doctor—dije, cabizbajo, tratando de procesar lo que estaba escuchando.

—No hay nada que agradecer.

Asentí con la cabeza y me encaminé de vuelta hacia donde estaba mi madre. Pero el doctor me detuvo.

—No solo te llamé para decirte eso—dijo, con voz más baja—Hay algo que deseaba preguntarte.

—¿Qué ocurre?

Lo miré con atención, tratando de adivinar qué era lo que quería preguntar. El doctor se acomodó las gafas sobre la nariz, mientras volteaba a ver a mi mamá. La observó de una forma que no me gustó para nada.

—Tienes una madre ejemplar. Debes sentirte muy afortunado.

—Eh, yo... supongo.

—Ella, por otro lado, debe sentirse muy sola—señaló, mirándola por el rabillo del ojo—Ya tiene algunos años desde que enviudó, ¿cierto?

No me estaba gustando el rumbo que estaba tomando esta conversación.

—No enviudó. Ese hombre nos abandonó. Doctor, si me disculpa, tengo que ir a ver a Jerry—le dije, tratando de alejarme.



#457 en Fanfic
#5760 en Novela romántica

En el texto hay: chicoxchico, enemiestolovers, slowburn

Editado: 06.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.