El Diario de un Astronauta

Epílogo

MÁS ALLÁ EL HORIZONTE DE SUCESOS

​Escribir esta bitácora ha sido, en sí mismo, el acto más complejo de ingeniería inversa que jamás haya ejecutado. He tenido que desarmar cada pieza de mi pasado, cada engranaje de mis miedos y cada circuito de mis traumas para entender por qué la nave se detuvo de forma tan violenta en medio del camino.
Al mirar hacia atrás desde esta nueva coordenada, ya no veo solo el rastro de dolor o el combustible quemado en tiempo perdido; lo que veo es la mano maestra de un Diseñador que utiliza las crisis no como castigos, sino como herramientas de precisión para recalibrar el alma.
​El astronauta que comenzó este relato en las primeras páginas era un hombre que buscaba desesperadamente la seguridad; el que lo termina hoy, ha encontrado algo infinitamente mejor: El descanso. Durante décadas, confundí ambos conceptos. Creía que la seguridad dependía de la potencia de mis motores, de la solidez de mis cuentas bancarias y de mi capacidad analítica para prever cualquier desastre. Vivía en una tensión constante, sabiendo que si yo fallaba, el universo entero colapsaría.
El descanso que experimento hoy, en cambio, no depende de mis indicadores, sino totalmente de la fidelidad inquebrantable de Aquel que nunca duerme y que sostiene la galaxia mientras yo cierro los ojos.
​Sé que aún quedan nebulosas densas por explorar y cuadrantes oscuros que atravesar. Aún espero esa señal clara en el radar que me hable de un amor que no sea una carga, de una compañera que entienda que mi silencio no es ausencia, sino un proceso de datos. Aún estoy aprendiendo, con pasos torpes y pesados, a caminar sobre este nuevo suelo de la Gracia sin el traje espacial puesto, sintiendo por primera vez el roce del aire real sobre mi piel, sin filtros ni blindajes.
​Pero ya no tengo miedo a la noche profunda ni al silencio de las estrellas. Porque ahora poseo la certeza técnica de que, incluso cuando no puedo ver las luces en el firmamento o cuando la estática parece ganarle a la señal, la Base me escucha con nitidez absoluta. He descubierto que mientras la frecuencia que guíe mi rumbo sea Su voz, cualquier destino, por incierto que parezca, será el correcto. Ya no necesito ser el capitán de mi propio naufragio; ahora soy el pasajero de Su propósito.
​Misión de rescate: Cumplida.
Reinicio de sistemas: Completado al 100%.



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En el texto hay: historia real

Editado: 02.02.2026

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