El diario de una desaprensiva

Viernes 27 de febrero del 2026

Se siente como uno de esos días lentos… donde cada cosa que hago apenas suma un segundo a mi existencia. El tiempo no pasa… se arrastra.
Y cuando menos lo noto, ya es de noche otra vez.

Vuelvo a la misma rutina miserable. Monótona. Desgastante.

Supongo que todos se sienten así alguna vez… pero cuando no hay nadie, cuando el silencio pesa… ¿cómo piensas en los demás?
Solo te hundes en la soledad creyendo que nadie entiende lo que llevas dentro.

Escucho música triste de los 80 o 90…
y de pronto una letra me golpea.

“Oh mierda… así me siento.”

Luego oigo una voz que me llama.
Es la señora Blanquita, tan ruidosa como siempre. La que cocina. A veces me molesta… pero luego pruebo su comida y se me pasa.

“¡Niña Nao!”

Bajo las escaleras pensando qué le diré a mi papá para evitar ese silencio incómodo de siempre.
Y entonces pregunta lo mismo de todos los días:

—¿Cómo te fue hoy?

Como si yo fuera un libro abierto…
como si realmente quisiera leerme.

—Bien — digo.

Tres meses desde que mamá se fue.
Para ser sincera… la vida con papá es mucho más tranquila. Pero le falta algo. Algo excitante. Un toque de chispa. Algo nuevo que me haga abrir los ojos y decir con total claridad:

“Me siento increíble.”

Algo que me haga querer despertar.

Me pregunto si eso era lo que buscaba aquel día… cuando por puro aburrimiento empecé a limpiar el baño de la casa, como si ahí fuera a encontrar la chispa que me falta.

Pff… qué ridiculez.

Mañana voy a visitar a mamá.
Y como si fuera instinto… o orgullo… escucho a papá decir:

—Mañana Thania quería llevarte a otro lugar.

Qué nefasta idea.
¿Cómo podría cambiar ver a mamá… por un viaje con su bendita esposa?

Como sea. Ya comí. Ya me encerré en mi cuarto.
Ahora estoy en una lucha suprema entre ver videos y deprimirme como siempre… o escribir para mi estrafalario libro.

Y como se puede notar… elegí escribir.

Aunque algo dentro de mí pregunta:
¿Qué demonios quieres escribir?

Tal vez no sea solo una voz interna…
Tal vez sean las preguntas absurdas de la página donde busqué ideas.

Uf… qué interrogatorios tan agobiantes.
¿Cómo se supone que responda algo como:

“Segundo género de su libro”.

Para quienes ya tienen una gran idea… eso debe ser lo más fácil del mundo.
Y quizá, cuando lean mi primer capítulo, algunos me critiquen.

Pero… ¿acaso soy una escritora experta?
¿No empezaron así los grandes artistas?

Lo único que hago… es contarles a unos pocos lectores un poco de mi triste vida.
Y guardar la esperanza de que, en algún momento… alguien se identifique con lo que pienso.

Y con todo eso en mente… aquí estoy.
Sentada en un rincón de mi cuarto, mirando el árbol nefasto que bloquea mi vista hacia la casa de enfrente.

Una casa que, por cierto, tiene algo en su diseño que me encanta. No sé qué es exactamente… pero me atrae. Supongo que es su estilo rústico. Imperfecto. Viejo. Real.

Muy diferente a todo lo demás.

Mis pensamientos se interrumpen con los ladridos insistentes de los perros de al lado.
En otro contexto, hablando de personas, habría escrito “gente desaprensiva”. De hecho… eso fue lo primero que puse.

Supongo que es una frase que se me quedó pegada del primer libro que leí.

Pero no… este no es el contexto correcto.
Aquí lo apropiado sería:

“perros desaprensivos.”

En fin… otra vez me desvío del tema.




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