Qué bipolaridad.
Qué ineptitud.
Qué estupidez.
¿Por qué los seres humanos somos tan dependientes?
Nos encariñamos… no importa con qué o con quién.
Y cuando esa parte especial se va… queda un vacío.
Un vacío que a veces me hace pensar que nada tiene sentido.
Pero que, en una pequeña chispa de esperanza, también me da fuerzas para decir:
“No me importa. Pronto seré alguien en la vida.”
Y así como me da fuerzas… me derrumba.
Estos son solo mis pensamientos.
¿Por qué mientras tenemos algo no lo valoramos?
¿Por qué cuando se va empezamos a recordar cada detalle?
Oh mierda… estoy tan jodida.
¿Cómo terminé así?
Yo solía ser ejemplo para otros jóvenes.
Qué desaprensivo es el mundo.
Qué desaprensiva soy yo.
Qué desaprensiva eres tú… amor de mis amores, sangre de mi alma, quien luchó tanto por darme un futuro que ahora siento que desperdicio.
¿Solo por depender tanto de tus abrazos?
¿De tus palabras?
¿De tu presencia?
Qué patética me siento.
Antes escribía para desahogarme de nuestras peleas.
Ahora escribo porque no puedo pasar un solo día sin extrañarte
Y de verdad me avergüenza cada cosa que escribo.
Porque mientras me desahogo en mi pequeño mundo, también me hundo en él.
Me compadezco. Me observo. Me juzgo.
Sé que debería soltarlo todo.
Seguir adelante.
Ponerme las pilas.
Ser fuerte.
Eso es lo que hacen las personas normales, ¿no?
Pero no puedo.
No puedo levantarme con ganas.
No puedo fingir que nada pasó.
No puedo dejar de extrañarla como si fuera tan sencillo.
Y me odio un poco por eso.
Me siento inútil…
como si estuviera fallando en algo que todos los demás saben hacer