El Diario de una Vida Agridulce.

Capítulo 6: Decidiendo en quietud.

Me siento absolutamente culpable de haber desperdiciado el tiempo como lo hice esas cuatro semanas, para dormir hasta medio día y no hacer nada más que consumir contenido desde casa, tengo muchos otros lugares diferentes a Roma. Bien es cierto que definí mi futuro desde la quietud, pero pude haberlo hecho desde la actividad.  

 

La primera semana no estuvo tan mal, me tomé lunes y martes para reposar porque a diferencia de mis padres que salieron devorar Roma en dos días, yo tendría dos meses y medio más para lo mismo. El martes en la tarde, esperando a que mis papás se desocuparan de la cita que les había obsequiado mi hermano con un osteópata, fui con Silvi al parque de los acueductos a hablar de la vida mientras el sol se ponía.  

   

                                                                                

    

El miércoles visitamos un par de pueblos en Umbria siendo Assisi el destino principal, no recuerdo nada del jueves más allá de que en la noche tuve que despedirme de mis padres, quienes partían a Colombia en la madrugada del viernes. 

 

Como mencioné, al que el viaje me tomase por sorpresa, no tuve nada realmente planificado para el mismo, empero, pude disfrutar por primera vez de una completa calma en el hogar. Si bien es cierto que mi hermano no estaba en su mejor momento, esperando noticias sobre un ascenso y movimiento en la compañía donde trabajaba para irse de Roma de vuelta a Londres, no afectó evidentemente la convivencia general.  

 

El día que se fueron mis padres, tuve una primera reunión con la universidad de bellas artes de Roma (RUFA) para conocer un poco sobre el programa de cinematografía. No creía fuera a involucrarme en la conversación pues era vía Zoom y según yo, habría al menos una docena más de personas aparte del expositor. Sin embargo, éramos cuatro, tuve que encender la cámara y responder un par de preguntas para las que aún no tenía respuesta. Quise que me tragara la tierra cuando se interesaron por mi experiencia previa ya que estaban vendiendo un master y yo a duras penas podía figurar para un bachelor.  

 

Tomé notas de todas formas por si el procedimiento era similar, no obstante, la ansiedad no me dejó tranquila en un par de semanas por la cantidad absurda de papeleo que me esperaba y los tiempos en los que el consulado de Italia en Colombia se dignaba a contestar.  

 

Mi hermano me pidió sensatez, me explicó desde su experiencia las razones por las cuales no me convenía quedarme en Italia, mas hice oídos sordos, estaba empecinada a cumplir el sueño que tenía desde hacía al menos ocho años.  

 

Enero fue un mes poco memorable, salimos los fines de semana a villas como Borghese, Pamphilij y Ada, e incluso fuimos a cine en Barberini el 21 para ver la segunda entrega de Avatar; esa noche vi el Colosseo por primera vez y vaya que me sentí verdaderamente en Roma.  

 

Muy bello el centro de la ciudad, por lo demás, no era precisamente un sueño hecho realidad y mi hermano se encargó de hacérmelo notar. Demasiados edificios se encontraban en estado deplorable por la falta de mantenimiento en lo que podría ser al menos un siglo, las calles se encontraban llenas de basura, excremento de perro (o de humano, quien sabe) cigarrillos y hojas de árboles que probablemente se olvidaron de ellas desde otoño.  

 

Además del pésimo control de residuos, la movilidad es un completo caos. El transporte público consiste de buses por los que casi nadie paga y dos líneas de metro (a futuro tres) que excluyen a quienes se encuentren fuera de la zona central. Por esa razón, la gente prefiere tener vehículo particular y suerte les deseo para encontrar donde parquear porque inclusive para llegar a casa se debe buscar un espacio en la calle considerando que los edificios son de la época en la que tener carro no era habitual.  

 

Ahora bien, la calidad humana del ciudadano romano es ampliamente cuestionable, sobre todo en su interacción con quienes no nacieron y se criaron en su ciudad. Lo que me convenció de desistir fue cuando una vecina del conjunto residencial amenazó a Silvi con la rama de un árbol solo porque tenía al muy educado Giorgio sin correa durante un tranquilo paseo.  

 

Al día siguiente, mi hermano salió con el perro y otra señora le advirtió sobre una doméstica filipina que llevaba a un peligroso cane lupo sin correa... ¿Pueden creer eso? El que Silvia no sea blanca la convierte en empleada de servicio.  

 

Esa fue la gota que derramó el vaso y cierto que me costó aceptarlo porque la última semana de enero fue maravillosa en lo que respecta a mi experiencia romana.                                    

El martes 24 por la noche caminamos desde Teatro Marcello, deteniéndonos en Terazza sul Foro pasando por Campidoglio para terminar entre el Altar a la Patria y la Colonna Traiana.  

 

El 25 fui sola al centro por primera vez, tomando la línea B del metro desde Eur Magliana (la estación más cercana en carro desde Via Giulio Pittarelli donde estaba la casa) hasta Sant’Agnese Annibaliano, en virtud de la invitación por parte de la universidad de bellas artes a fin de conocer sus instalaciones y que me explicasen la metodología del examen de ingreso propuesto para el sábado próximo.  

 

El edificio era pequeño y antiguo, llegué alrededor de las 10:30am y esperé media hora para que me buscase la persona encargada del recorrido. A las 11:00am llegó acompañado de otra aspirante, Emilka, una polaca que resultó siendo bastante reconocida en Bookstragram y Booktok.  

 

Aunque nos conocimos ese mismo día, la invité a salir porque me hacía muchísima falta compartir con personas de mi edad, lastimosamente, tenía planes, pero acordamos vernos en dos semanas cuando volviera a Italia con su madre.  

 




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