Para mi querido y confidente trozo de papel:
Hola, me llamo Venus. Mi mamá te entregó a mí como regalo de cumpleaños; me dijo que podía contarte todo lo que quisiera, que no me juzgarías ni se lo contarías a nadie. Todos mis secretos serán tuyos y míos.
Hoy es mi cumpleaños número dieciséis. Ya mis amigos se fueron y mis padres duermen. Yo no tengo sueño y decidí empezar a escribirte. Te contaré lo que sucedió en mi día:
Mis padres me despertaron sobre las siete de la mañana con un pequeño pastel de chocolate y una vela con el número dieciséis, cantándome Las mañanitas. Creo que es algo que nunca dejarán de hacer.
Me dijeron que no tenía que ir a la escuela, pero yo quise ir; me gusta, además podía celebrar más tarde. No me permito faltar nunca.
Al llegar a la escuela (me queda a unos quince minutos de casa), me encontré con mi mejor amiga, Allyna King, y caminamos juntas como siempre, hablando mil tonterías.
Cuando entramos a clases de Matemáticas, el profesor P —sí, ese es su apellido, solo P; raro, pero en fin— nos pidió silencio. Todos pensamos que era un examen sorpresa, pero no. Fue algo mucho peor. Ojalá hubiera sido eso. Me sentí asustada (y aún lo estoy).
Asesinatos en nuestro pueblo. Aquí nunca habían sucedido cosas así. NortRose es normal, un pueblo tranquilo. Dijo que encontraron el cadáver de Emilia Parker, una chica que desapareció hace unos días. No la conocía mucho, solo de vista; parecía problemática. Por eso todos pensaron que escapó de casa, y no podían estar más equivocados.
El señor P dijo que no saliéramos de casa. Yo no me preocupo por salir; soy más de estar en mi habitación leyendo Harry Potter.
Bueno, después del colegio y de largas horas de clase, fui a casa con Allyna. Estuvimos viendo películas hasta que llegó la hora de prepararnos para mi fiesta. Ella y yo nos conocemos de toda la vida; nuestros papás son mejores amigos desde la universidad.
Mis compañeros llegaron a las cinco. Escuchamos música, bailamos y comimos pastel, hasta que Ivanna Hurt, mi madre, terminó la celebración diciendo:
—Deben irse, ya son las ocho y treinta y es peligroso estar afuera. Ya vuestros padres vienen a por ustedes.
Y ahora estoy en mi habitación. Cerré bien las ventanas y las cortinas. Mirar afuera de noche no me gusta; está todo solitario, con algunos faroles alumbrando las calles. Cerca de mi hogar solo hay unas cuatro casas.
Me da miedo mirar afuera. ¿Te imaginas que el asesino esté parado frente a mi ventana, mirando fijamente? Lo siento, no puedo evitar pensar en eso. He visto demasiadas películas de terror.
Bueno, iré a dormir ya. Mañana te contaré cómo me fue.
La que más confía en ti,
Venus★