El diario de Venus

Veintiuno de abril 1999

El señor P me hizo subir a su despacho.

Evité su contacto. Cualquier mínimo contacto.

Quería hablar sobre mis notas, y mi nuevo comportamiento.

No quería subir, pero no podía seguir evitándolo.

No cuando él me fue a buscar personalmente.

Mi corazón latía tan fuerte.

Mis manos sudaban.

Mis piernas temblaban.

Al entrar a su despacho, me dijo que me acercara:

“Venus, siéntate… pero no ahí… aquí” —fue lo que me dijo mientras señalaba la mesa.

Lloré.

Sí, lloré. Porque ya sabía lo que iba a pasar.

Sabía lo que venía.

Porque sí…

Esa fue la segunda vez que me hizo daño.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.