Hoy el director citó a mamá.
El señor P también estaba ahí.
Sé que a mamá no le gustó lo que dijeron.
Al salir, me dio una mirada... decepcionada.
¿Pero qué derecho tiene a mirarme así?
Discutimos, hasta que me abofeteó.
“¡¿Qué demonios te pasa, Venus?!”
Fue lo que me preguntó.
Yo solo pude responder con un:
“Te odio”.
Estuve a punto de contarle todo, pero no pude.
No salían las palabras de mi boca, así que solo le dije:
“Te odio”.
Esto le dolió. Lo vi en su mirada.
También me dolió a mí.
Pero no, mamá, no te odio.
¿Cómo podría odiarte?
Me odio a mí.
Tu hija… tu hija es cómplice de una muerte.
Tu hija es culpable de que...
¡Ni siquiera puedo decirlo!
Maldito Arthur P.
Deseo que muera.
Nunca había deseado la muerte de alguien.
Ahora siento rabia y odio.
Mucho odio.
¿Soy... soy un monstruo yo también?
Solo lloré cuando me dañó por segunda vez.
Después no he llorado más.
Solo siento rabia y... sucia.
Estoy sucia.
Me he restregado tanto con la esponja que aún tengo los brazos y los muslos rojos.
Ya no soy Venus.
No soy Venus, no lo soy.
Solo soy una sombra que se esconde debajo de su cama.
¿Y que merece… morir?
-