Mamá siempre fue sobreprotectora, pero ¿por qué ahora, que debería serlo, no lo es?
Solo me regaña por mi cambio.
“¿Dónde está mi Venus?” —me dijo hoy con un tono decepcionado.
Tu Venus, mamá, ella no existe ya.
Los monstruos la han dañado tanto que hasta ella misma cree que es uno.
Ya no siento nada.
Es como si se hubieran llevado cada emoción que existía en mí.
Veo todo pasar en tiempo lento.
La vida es tan injusta.
Nunca fui mala.
Yo era una buena persona.
¿Tal vez este era el plan de Dios para hacerme fuerte?
Pero ha logrado lo contrario.