Sabía que no estaba loco.
Alguien me había visto esa noche.
Y resultó ser la chica Venus.
Tenía mis sospechas… por eso usaba la misma chaqueta que llevé esa noche.
Cada vez que me veía, había algo en su mirada. Pero lo ocultaba rápidamente.
Estaba esperando. Sabía que se iba a romper en cualquier momento.
¡Tan bien que me caía!
Pero tuvo que meterse donde no debía.
No tenía intención de hacerle daño... al menos, aún no.
La pobre acusó a su padre, diciendo que él era el asesino.
Lo hizo delante de todos, en su propia casa.
Claro que la internaron.
La dieron por loca.
Todo el pueblo se enteró.
Esperé a que saliera.
Meses.
Hasta que por fin le dieron el alta.
Le dejé una nota:
"Iré a por ti."
Y ahora que sus padres no están, subí las escaleras despacio... muy despacio.
Tenía tiempo de sobra para hacer una obra de arte.
Abrí su habitación.
Y ahí estaba,
acostada en su cama,
como si esa manta la fuera a proteger de mí.
Con cariño,
O. Wallace.
P.D.: Querida Venus,
¿Te gustó cómo terminó tu diario?
Fin