El Diario Silencioso de un Idol

Capítulo 10: Una noche casi perfecta

Él la había alcanzado y la respiración de ambos se mezcló bajo el paraguas. Sus ojos, profundos, se fijaron en los de ella con una intensidad que hizo que el torrente de agua cayendo fuera el único sonido en el mundo.

—So..Sonoo —balbuceó Sol-ju, incapaz si quiera comprender la irrealidad de la escena.

Él no perdió el tiempo.

—Estás congelada. Por favor, déjame llevarte a tu casa. Estás empapada.

Su voz estaba llena de una preocupación que ella nunca había esperado.

Sol-ju sintió un rubor arder bajo el frío de la lluvia. ¡Subir a su auto! Eso era demasiado. Demasiado íntimo, demasiado fan, demasiado todo.

—No, no hace falta. Estoy bien, de verdad —dijo, aferrándose a su bolso mojado —Vivo cerca, puedo correr.

Sonoo frunció el ceño pero su nerviosismo se transformó en una obstinación dulce.

—No seas tonta. No puedes correr así —replicó con suavidad— Te puedes enfermar. Por favor, déjame llevarte. Es lo menos que puedo hacer.

El tono era una orden amable. Sol-ju miró su ropa, que se pegaba incómodamente a su piel y supo que él tenía razón. Ella suspiró, sintiéndose derrotada pero extrañamente cuidada.

—Está bien —murmuró.

Él sonrió aliviado, con el pequeño paraguas que compartían la guio hacia su coche, abriéndole la puerta con un gesto de caballerosidad.

El coche de Sonoo era un auto de lujo, ella nunca imaginó que podría subirse a uno así. Él había encendido el motor y de forma sutil, dirigió el aire caliente del calefactor hacia el lado de Sol-ju. Ella, sintiendo el aire seco y confortable, se dio cuenta del gesto. El Idol no solo la había salvado de la lluvia, sino que se estaba asegurando de que no se resfriara.

El silencio se hizo largo... finalmente, Sol-ju habló.

—Gracias por llevarme —dijo, con su voz suave aunque delataba cansancio y nerviosismo— De verdad lo aprecio.

Hizo una pausa y se atrevió a hacer la pregunta que la había estado rondando:

—¿Qué hacía el gran Sonoo en ese lugar? Quiero decir, qué hacías en... el asilo.

Él sonrió haciendo que su corazón se acelerara al instante.

—Fui a dejarle unas cosas a mi abuela —respondió, girándose para mirarla. La luz suave del interior hacía que el color miel de sus ojos parecieran aún más calidos— Ella es... mi persona favorita en el mundo entero. Me crio desde que era muy niño, después de que mis padres fallecieran.

El tono de su voz era tranquilo, pero había una tristeza enorme y conmovedora en la forma en que hablaba.

—He intentado convencerla de que se mude a mi departamento, pero no quiere —continuó— Dice que prefiere el asilo porque "no quiere estar sola mientras yo ando por el mundo". Allí está llena de gente, chismorrean y se divierten. Es una luz... es todo para mí.

Sonoo se giró nuevamente hacia el frente, mirando las luces de la calle pasar.

—Es la persona más buena y dulce que conozco. Si no fuera por ella, yo no estaría aquí.

Sol-ju escuchaba hipnotizada, conmovida por la vulnerabilidad que emanaba de él. La imagen de Sonoo, el ídolo mundial, cuidando a su abuela, era profundamente humana.

—Tu abuela debe ser muy dulce y tierna, entonces —comentó Sol-ju

Sonoo sonrió soltando una risa corta y cálida.

—Algo así —dijo él, mientras se rascaba la cabeza.

Sol-ju se acomodó en el asiento, sintiéndose identificada con él, ambos compartían lo mismo; la pérdida de sus padres, pero no dijo nada, no existia la confianza para ahondar en el tema.

Sonoo la observó un momento, la sonrisa que tenía al hablar de su abuela se había borrado y la intensidad regresó a sus ojos. Había algo más que necesitaba saber.

—Así que... —empezó, con su voz sonando cauteloso — ¿Tú eres la novia de Jake, mi jefe de staff?

La pregunta golpeó a Sol-ju como una ráfaga inesperada. Ella se enderezó, sintiendo que el rubor subía de nuevo a su rostro. La sorpresa la hizo hablar demasiado rápido.

—¡No! ¡No, claro que no! —Sol-ju negó haciendo un gesto de pánico—Somos solo amigos. Lo juro. Todo fue una coincidencia, una cosa detrás de otra, desde... desde el incidente de la toalla. Jake es solo mi amigo.

Se mordió el labio, dándose cuenta de lo mucho que se había justificado. Intentó cambiar el tema:

—Entonces ¿cuándo lanzan su nuevo álbum?

Sonoo la miró a los ojos, sin decir nada por unos segundos que se sintieron eternos. Luego, con una voz tranquila dijo:

—Discúlpame.

El silencio regresó. Sol-ju se quedó congelada, arrepintiéndose instantáneamente de haber mencionado el incidente de la toalla y la historia de Jake.

"No debí haberlo dicho", pensó, sintiendo que había arruinado ese momento frágil.

Durante los pocos minutos restantes del trayecto, Sol-ju lo miraba de reojo. No podía creer que estuviera junto a él. El ídolo de sus posters, el hombre al que le había confesado su vida a través de mensajes enviados a su chat de fan al cual llamaba "Diario silencioso", estaba a menos de treinta centímetros de ella, ofreciéndole su abrigo y su historia más personal.

Era tan irreal, estar junto a él entablando una conversación de dos y no ese monólogo unilateral que había mantenido con la sombra de su propia admiración.

El auto se detuvo suavemente bajo el toldo de su edificio protegiéndola de las últimas gotas de lluvia. Sonoo se giró para mirarla con una expresión misteriosa en sus ojos.

—Ya llegamos.

Sol-ju asintió, con su mente aún nadando en la irrealidad. No sabía si darle las gracias de nuevo o si disculparse otra vez. Se decidió por lo más seguro y torpe.

—Gracias, Sonoo —susurró.

Abrió la puerta rápidamente, sin atreverse a prolongar la despedida.

—Cuídate.

Él simplemente asintió, su mano apretó el volante, observó cómo ella corría bajo la marquesina y entraba en el edificio. Solo cuando la puerta se cerró, Sonoo puso el auto en marcha y se alejó.

Sol-ju subió por el ascensor con el corazón aún latiéndole con la adrenalina de los últimos veinte minutos. Todavía sentía el aire cálido del auto en su piel y el shock de la conversación.
Abrió la puerta de su departamento a toda prisa, sin pensarlo y entró al pequeño salón.




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