La parsimonia del pasillo común se rompió en un murmullo ruidoso. Lía no vestía su habitual y sobria ropa de trabajo. Esa mañana, llevaba un traje de sastre de tres piezas en color blanco marfil con un corte de diseñador que entallaba a la perfección su silueta, proyectando una sofisticación descarada y una elegancia natural que dejó a más de un asesor con la boca abierta. Conservaba su esencia pulcra, sus lentes para leer de montura sutil y su característico peinado clean look, pero su buena actitud ahora brillaba con la seguridad de la mujer que sabe que es dueña del corazón del hombre más temido del país.
—"¡Lía! Por Dios, te ves... espectacular", exclamó Tommy, acercándose a ella con pasos largos y una amabilidad profunda, sosteniendo un par de carpetas. —"Toda la oficina estuvo muerta sin tu sonrisa protectora. ¿Cómo te sientes?".
—"Me siento mejor que nunca, Tommy, gracias", respondió Lía con una sonrisa dulce, deteniéndose a conversar en medio del vestíbulo.
Antes de que Tommy pudiera entregarle los nuevos informes de prensa, el sonido ruidoso y pesado de unos pasos militares hizo que el ambiente se sumergiera en un silencio sepulcral.
Ethan Vance apareció en el pasillo, luciendo su imponente anatomía de hombros anchos envuelta en un impecable traje de sastre negro. Al ver a Lía rodeada de tres asesores jóvenes que la miraban con evidente admiración, los ojos grises del político se afilaron rígidamente, desatando sus celos posesivos a puerta abierta.
Marcar Territorio a la Vista de Todos
Con una parsimonia letal y zancadas largas, Ethan acortó la distancia física. Ignorando por completo la cortesía fría que solía mantener frente al personal, el gigante de dos metros se colocó justo detrás de Lía, extendiendo sus dedos largos para posar su mano de forma sumamente protectora y posesiva sobre la cintura estrecha de ella, apegándola ruda pero cariñosamente contra su pecho musculoso.
Tommy y los demás empleados dieron un paso atrás instinctively, asombrados por la demostración descarada de propiedad del calculador estratega.
—"Buenos días, caballeros", pronunció Ethan. Su voz barítono, grave, profunda y cargada de una advertencia implacable, retumbó en el pasillo. —"Asumo que todo el material para la junta de gobernadores ya está en mi escritorio y que no están haciéndole perder el tiempo a mi relacionista pública".
—"S-sí, señor Vance. Ya mismo nos retiramos", balbuceó uno de los secretarios, huyendo del lugar a alta velocidad junto a los demás, entendiendo el mensaje milimétrico: Lía Sterling era sagrada e intocable.
Lía giró sutilmente la cabeza, mirando hacia arriba para conectar con los ojos grises de su jefe. Una chispa indomable y una timidez dulce se mezclaron en sus mejillas. —"Señor Vance, está asustando al personal. Apenas es mi primer día de regreso".
—"Que se asusten todo lo que quieran, Lía", murmuró Ethan a puerta cerrada, bajando el rostro para rozar con sus labios la línea de su peinado clean look, destilando una amabilidad cariñosa que solo ella tenía el privilegio de conocer. —"Ya pasé seis años permitiendo que esta oficina creyera que eras solo una asistente. Es hora de que Washington entero sepa que eres la única persona que gobierna al hombre que gobierna este país".
Una Invitación Diferente
Tomándola de la mano con total sofisticación, Ethan la guió hacia el despacho presidencial. Al cerrar la puerta tras de ellos, aislándose del bullicio ruidoso del comité, el político la rodeó por completo con sus brazos anchos, atrapándola contra el escritorio de caoba.
—"Esta noche no hay agendas, no hay discursos económicos y Zeus ya tiene su propio paseador contratado", sentenció Ethan con una sonrisa sutil y posesiva. —"Te llevaré a cenar al restaurante más exclusivo de la Costa Este. Quiero que uses ese vestido a la moda que vi en tu armario, porque hoy empieza mi cortejo oficial, Lía Sterling".
Lía lo miró con el corazón latiendo a alta velocidad, entendiendo que el dictador implacable de la política estadounidense había sido completamente domado por su amor.
La noche de la gran gala anual de beneficencia en el Hotel Watergate reunía a la crema y nata de la alta sociedad y el poder de Washington D.C. El salón principal era un despliegue ruidoso de luces sofisticadas, música de cámara y trajes de alta costura.
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Editado: 04.06.2026