El Dictador de la Política

Capítulo 8: El Fuego de la Camioneta Blindada

El vehículo avanzaba con parsimonia por las avenidas de Washington D.C., pero a puerta cerrada, el aire se sentía sumamente denso. Ethan no esperó a que llegaran a la residencia; la adrenalina de los celos posesivos y el impacto directo de ver a Marcus Thorne intentando rozar la piel de Lía habían pulverizado los últimos restos de su cortesía fría militar.

Con un movimiento largo y de alta velocidad, el gigante de casi dos metros acortó la distancia física. Sus dedos largos se extendieron con una parsimonia implacable, tomando a Lía por la cintura para levantarla con una fuerza sutilmente posesiva y sentarla directamente sobre su regazo, pegando su anatomía contra su pecho musculoso.

Lía dejó escapar un sutil jadeo de sorpresa, acomodándose los lentes de leer que amenazaban con resbalar. Su cabello, recogido en el elegante peinado clean look, rozaba la barbilla de Ethan, y su corazón comenzó a latir a alta velocidad al sentir la intensidad descarada de la mirada gris del político.

—"Ethan... el chofer...", murmuró ella con una timidez dulce, intentando mantener la cortesía intelectual en medio de la tormenta.

—"El cristal es blindado y opaco, Lía. Nadie puede vernos ni oírnos", siseó Ethan con una voz barítono, grave, profunda y sumamente ronca por la emoción contenida. —"Y aunque pudieran, me importa un demonio. Hoy estuve a punto de desatar una rigidez severa en esa gala pública. Ver a ese infeliz rodeándote, intentando darte un trato cariñoso... me quemó la sangre".

Pasión sin Estrategias

Ethan acunó las mejillas pulcro de Lía con sus manos grandes, obligándola a mirarlo. Toda la sofisticación calculadora del temido estratega se había derretido, dejando al descubierto al león indomable que exigía correspondencia total.

—"Ya no voy a esconderme detrás de discursos ni de sobrecargas de trabajo, Lía", sentenció con una amabilidad profunda que la desarmó por completo. —"Te amo con una locura posesiva que mi mente militar no puede controlar. Estos seis años de silencio fueron mi peor condena, y no voy a permitir que la política o mis rivales me quiten la única pureza que tengo en este mundo ruidoso".

Lía lo miró con los ojos claros empañados por una felicidad desbordada. Anulando cualquier distancia restante, rodeó el cuello de su jefe con sus dedos largos, rompiendo la parsimonia de sus palabras al unir sus labios en un beso cargado de una pasión indomable y largamente contenida.

Ethan la estrechó contra su pecho con una desesperación cariñosa, respondiendo al beso con una sofisticación descarada que reclamaba cada milímetro de su ser. Sus manos trazaron la delicada silueta del vestido a la moda de Lía, memorizando su anatomía a puerta cerrada, asegurándose de que ella entendiera que su dignidad blindada ahora tenía un protector eterno.

El Preludio de la Gira

Cuando el beso finalmente se interrumpió por falta de aire, Ethan apoyó su frente contra la de Lía, acariciando su rostro con una amabilidad cariñosa que contrastaba con su imponente presencia de casi dos metros.

—"La próxima semana inicia la gira nacional de campaña, Lía", murmuró el político, delineando sus labios con el pulgar. —"Serán meses ruidosos, de hoteles, conferencias de prensa a alta velocidad y debates intensos por todo el país. Viajarás conmigo en mi jet privado, te sentarás a mi derecha en cada banquete y ya no serás mi engranaje invisible. Washington entero tendrá que acostumbrarse a ver que el dictador de la política tiene una reina dueña de sus decisiones".

Lía sonrió con una buena actitud inquebrantable, acomodándose los lentes y recostando la cabeza en el hombro de su hombre de acero, lista para enfrentar el imperio de la alta política de la mano del gigante que la amaba con una devoción absoluta.

La gira nacional de campaña arrancó en la majestuosa e imponente ciudad de Nueva York. El ritmo de trabajo se volvió de alta velocidad, pero a puerta cerrada, las dinámicas eran completamente distintas. Lía Sterling ya no tenía que encargarse del quehacer ni de las minucias logísticas de la residencia de Ethan; ahora viajaba en el jet privado del comité, sentada a la derecha del gigante de casi dos metros, coordinando las estrategias con una parsimonia y sofisticación descarada que dejaba mudos a los asesores veteranos.




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