Lía Sterling dejó su tableta y sus carpetas sobre la mesa de caoba de la suite. Sentía el cuerpo sutilmente cansado por el viaje de alta velocidad, pero era un cansancio feliz, completamente alejado del agobiante desgaste físico de los meses pasados. Se quitó sus lentes para leer, dejándolos a un lado, y comenzó a soltar los ganchos de su peinado clean look, permitiendo que su largo cabello castaño cayera con total libertad y sofisticación sobre sus hombros.
Antes de que pudiera dar un paso largo hacia el ventanal, la imponente anatomía de casi dos metros de Ethan Vance apareció detrás de ella.
Ethan se había despojado de su saco de sastre y de la corbata militar. Con una parsimonia letal, envolvió la cintura estrecha de Lía con sus brazos anchos, atrayéndola con una fuerza ruda pero infinitamente cariñosa contra su pecho musculoso. Lía dejó escapar un sutil suspiro al sentir el impacto directo de la calidez de su cuerpo.
—"Estuviste brillante en Nueva York, mi hermosa científica de la comunicación", murmuró Ethan. Su voz barítono, grave y profunda, vibró directamente contra el oído de Lía, desatando un escalofrío de alta tensión por su columna. —"Pero llevo todo el día conteniendo unos celos posesivos insoportables al ver cómo todos esos senadores y fotógrafos devoraban tu brillantez intelectual".
Lía sonrió con una timidez dulce, girándose entre sus brazos para rodear el cuello del gigante con sus dedos largos. Su buena actitud inquebrantable brilló en sus ojos claros.
—"Ya te demostré que mi mente analítica y mi corazón te pertenecen solo a ti, Ethan", susurró ella con total sofisticación descarada.
El Sello del Compromiso
Ethan no respondió con palabras; anuló la distancia física con un beso indomable, posesivo y cargado de una pasión pura que se había estado acumulando durante seis largos años de silencio laboral. Sus manos grandes trazaron la delicada anatomía de Lía, memorizando cada rincón a puerta cerrada, mientras la guiaba con pasos firmes hacia el gran diván de seda de la habitación.
El cortejo a la antigua se transformó en un incendio de alta velocidad. Ethan la besó con una ternura protectora tan profunda que Lía sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. El implacable hombre de acero, el temerario estratega de Washington, se rendía centímetro a centímetro ante la amabilidad profunda de su mujer, demostrándole con cada caricia descarada que ya no era su asistente, sino su reina.
Cuando la tormenta de pasión cedió el paso a una parsimonia amorosa y silenciosa, Ethan mantuvo a Lía recostada sobre su pecho musculoso, acariciando sus dedos largos con una delicadeza extrema.
—"Lía", pronunció él, y la rigidez severa de su rostro militar se suavizó por completo. —"No quiero que regreses a Washington siendo solo la mujer que maneja mi campaña. Quiero que regreses como mi esposa".
Lía levantó el rostro, con el corazón latiendo a alta velocidad. Ethan extendió su mano hacia la mesa de noche y tomó una pequeña caja de terciopelo azul marino. Al abrirla, un imponente anillo de diamantes de corte milimétrico brilló bajo la luz tenue de la suite.
—"Este anillo no es un contrato político ni una estrategia de relaciones públicas", sentenció el gigante de dos metros con una amabilidad cariñosa e indomable en sus ojos grises. —"Es la promesa de que este hombre frío y calculador pasará el resto de su vida blindándote, amándote y asegurándose de que el mundo entero respete la mente y el corazón de la mujer que lo salvó de su propio palacio de hielo. ¿Aceptas casarte conmigo, Lía?".
Con los ojos empañados por una felicidad desbordada y una dignidad blindada que finalmente encontraba su hogar, Lía unió sus labios a los de él en un beso correspondido que selló su destino, borrando para siempre las viejas reglas de la oficina.
La neblina de Chicago se transformó en una tormenta mediática de alta velocidad cuando la gira nacional alcanzó su última y más crucial parada: Texas. El comité político de Ethan Vance lideraba las encuestas por un margen milimétrico, lo que tenía a la oposición en un estado de desesperación absoluta a puerta cerrada.
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Editado: 04.06.2026