Marcus Thorne saboreaba el amargor de la derrota inminente. Al enterarse por medio de sus informantes del compromiso secreto entre el gigante de casi dos metros y su brillante relacionista pública, su mente analítica diseñó una última y descarada estrategia para asestar un impacto directo a la credibilidad militar de Vance. Si no podía ganarle en el podio, destruiría el engranaje que lo sostenía.
A solo unas horas del gran mitin de cierre, una cadena de noticias ruidosa aliada a la oposición filtró un reportaje manipulado. El titular acusaba a Lía Sterling de tráfico de influencias, alegando que su ascenso de asistente a prometida del hombre más importante de la política en USA se debía a la filtración de secretos corporativos y favores personales a puerta cerrada. El ataque buscaba destrozar la dignidad blindada de Lía y mostrar a Ethan como un líder vulnerable ante los encantos de su personal.
En la oficina provisional del hotel de Texas, el ambiente ruidoso estalló en pura tensión. Los asesores corrían de un lado a otro con una parsimonia alterada. Lía permanecía de pie junto al ventanal, sosteniendo la tableta con las manos rígidas. Su peinado clean look seguía intacto, pero sus ojos claros detrás de los lentes de leer reflejaban el golpe de la infamia. Su buena actitud inquebrantable flaqueaba por primera vez ante la crueldad de la alta política.
El Despertar del León Militar
La puerta doble de la suite se abrió con una rigidez violenta. Ethan Vance entró como una fuerza de la naturaleza indomable. Su anatomía masiva proyectaba un peligro inminente; vestía su traje de sastre negro, pero la furia ruda que emanaba de su pecho musculoso hizo que todos los secretarios dieran tres pasos largos hacia atrás, sumergiéndose la habitación en un silencio sepulcral.
Caminó directamente hacia Lía, arrebatándole la tableta de las manos con sus dedos largos y arrojándola contra el sofá con un desprecio descarado. Con una amabilidad profunda y protectora, acunó el rostro de ella, obligándola a mirarlo.
—"No mires esa basura, Lía. Es una orden", dictó su voz barítono, grave, profunda y sumamente tensa por la rabia contenida. —"Ese infeliz cruzó la última línea militar al meterse con mi mujer".
—"Ethan, esto puede destruir las encuestas de alta velocidad... los inversores están llamando", murmuró Lía con una timidez dulce, preocupada por el imperio que tanto le había costado construir a su lado.
—"Me importa un demonio el puntaje de Texas, Lía. Nadie ensucia el nombre de la mujer que amo y sale ileso", sentenció el gigante de dos metros, y sus ojos grises se afilaron con una parsimonia letal que delataba su formación militar en el campo de batalla.
La Respuesta del Dictador
Ethan se giró hacia Tommy, quien esperaba órdenes con el rostro pálido.
—"Tommy, adelanta la conferencia de prensa de cierre. La quiero en treinta minutos en el auditorio principal", ordenó Ethan con una sofisticación descarada y calculadora. —"No vamos a emitir un comunicado tibio por escrito. Voy a responderles yo mismo, en vivo y a puerta abierta ante todas las cadenas nacionales".
Lía intentó colocarse sus lentes para leer y tomar su carpeta de relaciones públicas para redactar un guion de control de daños, pero Ethan la detuvo con un movimiento cariñoso e imponente. Tomó sus dedos largos y los entrelazó con los suyos con una fuerza sutilmente posesiva.
—"Hoy no vas a esconderte detrás del escenario, mi hermosa protectora", murmuró el político, depositando un beso suave en su frente. —"Hoy vas a subir conmigo al podio. Washington y el país entero van a ver la rigidez severa con la que este dictador defiende lo que le pertenece por derecho y por amor".
Con la adrenalina de los celos posesivos transformada en un escudo blindado, el gigante de la política guió a su prometida hacia el ascensor, listo para desatar una tormenta de alta tensión que aplastaría la sucia jugada de la oposición frente a millones de espectadores.
El gran auditorio de Texas era un hervidero ruidoso. Cientos de flashes de alta velocidad parpadeaban sin tregua contra el podio principal, donde los micrófonos de todas las cadenas nacionales esperaban alineados. La parsimonia habitual de la prensa se había transformado en una tensión salvaje; el reportaje manipulado sobre Lía Sterling se transmitía en las pantallas de todo el país, y el mundo político contenía el aliento aguardando la caída del implacable Ethan Vance.
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Editado: 04.06.2026