El dilema de Ana

El campamento

A lo lejos se veía una luz sobre los árboles y Ana alcanzó a distinguir una pequeña hogera. Al instante sintió un martilleo en el corazón: el campamento

Cuando ya estaban más cerca, distiguio las siluetas de los hombres sentados alrededor del fuego.

¿Donde esta tu madre? Le pregunto Malo mientras la sujetaba por el brazo y evitaba que se cayera a causa de los tropiezos del caballo

Por un instante Ana olvidó su miedo y sintió aflorar su viejo dolor

Desapareció hace dos meses dijo bajando su mirada

Se llamaba Susana Aguilar, es la esposa de Julio Aguilar yo he estado buscándola. Ese uno de los motivos por los que escapé

Levantó la vista y vio que la boca del forajido se curvaba en un enojado gesto de incredulidad 《por el amor de Dios! Que tengo que hacer para que este hombre me crea?》

Maldito sea Navaja, ya era hora de que aparecieras!

Corto alguien en el momento en el que el se disponía a decirle algo a Ana.

Cielo santo! ¿ Era ése otro miembro de la banda? El que estaba junto al fuego era un hombre mayor, de pelo castaño canoso

Ana sintió que le sudaban las manos al comprobar que esos ojos hundidos examinaban su ropa y se detenía en sus voluminosos pechos y por primera vez en su vida deseo que el creador no hubiera sido tan genero con ella.

Vaya! ¡Miren esas tetas! Exclamó el hombre poniéndose de pie de un salto

¿Vas a compartir eso Navaja? El hombre levantó un brazo dejando ver un garfio en vez de una mano

Vamos, Mateo, dijo riendo desde el otro lado de la hogera el peludo Mario, antes tendrías que imaginar una manera de lograrlo

Eso te crees tu novato, mira y aprende chico

En un rápido movimiento se coloco junto a Ana y de un tirón la bajo del caballo

Ella chilló y se defendió a patadas hasta que el logro tumbarla en el suelo y le apretó el garfio del brazo contra la garganta

Vamos, Mateo, aqui tenemos para follar.

Otros dos hombres se acercaron sonriendo

Ana atemorizada, se retorcía gritaba y pateaba con todas sus fuerzas.

Sueltenme! ¡no me toquen!

Uno de los hombres le sujeto con fuerza las manos por encima de la cabeza mientras Matias empujaba hacia un lado al viejo y se montaba sobre ella. Ana sintió nauseas ante el aliento fétido de aquel hombre

Yo primero PA...dijo le apretó brutalmente un pecho mientras la sujetaba

Sin saber de donde provenia la fuerza de un relámpago centellante panalizo al hombre que estaba sobre ella

Malo navaja tenía cogido al hombre por el pelo con la mano y con la otra sostenia su navaja junto a su garganta

Es que no me escuchas, mascullo , la chica será mia hasta que yo cambie de opinión

La nuez de adán de Mario subia y bajaba bajo la hoja de la navaja

Claro, lo que tu digas

Malo miro a Ana con preocupación y sus ojos adquirieron un brillo amenazador al pasarla por los demás hombres deteniéndose en el viejo

Algo que alegar?

Yo no digo el barbudo soltandole las manos a Ana y retrocediendo

El forajido manco miro la navaja apoyada en la garganta del muchacho

Suelta a mi hijo navaja, hemos entendido el mensaje

Los glasiares ojos azules se clavaron en el viejo

Preocupa no olvídalo

Y con la misma velocidad con la que había sacado volvió a guardarse la navaja. De un empujón malo saco al hombre de encima de Ana, y ella sintio que todos los músculos de su cuerpo le temblaban cuando la puso de pie. Por un instante pensó que estaría segura bajo su protección pero inmediatamente recuperó la cordura 《¡El era responsable de todo esto!》

Siéntate en ese tronco _ le ordenó el empujándola hacia un árbol caído qué estaba del otro lado de la hogera.

Como no estaba en situación de discutir, se dirigió sin rechinar hacia el tronco. Advirtiendo como el comanche que estaba apoyado perezosamente contra un arbol la miraba con odió. Junto a el Pedro tenía una extraña expresión de satisfacción.

Ana se sintió estremecer , por algun motivos inexplicable el mexicano la asustaba.

Ahora la tiranía de su padre le parecía insignificante comparada con lo que estaba viviendo.

Después de atar su caballo, Maló se dirigió hacia ella y de pronto se detuvo como si algo le hubiera alarmado. La miró con expresión algo sorprendida y lanzó un juramento en voz baja

Maldita sea!

Ella sintio una punsada de timidez, sabia que debía estar horrible con su pelo rizado casi seco todo enredado alrededor de la cara y con la ropa empapada qué se le pegaba al cuerpo como una mano de pintura. Levento orgullosamente la barbilla. Que le importaba.

No estaba alli para impresionar a unos lujuriosos

Ah amigo la señorita, es un ángel , no?

《!Ángel 》,pensó Ana perpleja. El hombre debía estar ciego

Malo se irguio y lanzó una desagradable mirada al Mexicano

¿Que hay para comer?

Pedro se paso los dedos por el fino bigote sobre el lleno labio superior, sin despegar la vista de los pechos de Ana

Lo mimo de siempre, pan y judías

Ana sIntio que un escalofrío le recorría el cuerpo ante el detenido examen de Pedro,era como si aquel hombre estuviera violandola

Sin hacer caso al Mexicano Malo cogio dos platos y se hacerco a la olla qué estaba junto al fuego

Ana se desgarraba entre su miedo a Pedro y al destino que la aguardaba, el olor de las judías hirviendo. Su mirada se desvío hacia la tetera de hierro, y el terrible dolor de estómago le pareció insoportable, se le hizo la boca agua al observar como Malo servía las judías en los platos y después cortaba dos trozos de pan.

Por que has traído a la señorita, amigo? Pregunto Pedro

Navaja se sentó junto a Ana y le paso un plato

Asegura que es hija de un político. Supuse que pagarían uno buen rescate por recuperarla- empezo a comer

Que político?

El asambleísta Julio aguilar

La mirada del pequeño Mexicano se dirigió hacia Ana, pero no parecia sorprendido . En realidad por el brillo de sus ojos negros, daba la impresión de que desde el principio hubiera sabido quien era. Pero sus siguientes palabras contradijeron la primera impresión.



#3487 en Novela romántica

En el texto hay: amo

Editado: 16.03.2026

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