El sonido persistente de la alarma me arrancó del sueño a las 6:30 am. Me quedé un segundo mirando el techo, procesando que era lunes. Fui directo al baño; necesitaba que el agua caliente borrara el rastro de la noche anterior y me preparara para la reunión de las 9:00 am con mi padre. No era una cita cualquiera; cuando Nicholas Brown convoca a todo el equipo y a sus hijas, es porque el mundo empresarial está a punto de sacudirse.
Mi padre es el fundador de ISVO, una cadena hotelera de lujo con presencia internacional. Aunque mi hermana Ivana y yo somos socias y accionistas, ella es quien realmente vive para la empresa como vicepresidenta. Yo, aunque estudié Negocios Internacionales por mandato familiar, encontré mi verdadera pasión entre paletas de colores, texturas y planos: el diseño de interiores. He logrado hacerme un nombre propio, independiente del apellido Brown, y estoy a semanas de abrir mi propia oficina. Quiero tener mi lugar, algo que sea puramente mío.
Salí de la ducha y elegí un atuendo que gritara profesionalismo, pero con mi toque personal: jeans negros ajustados, una blusa de seda beige de manga larga y unos tacones de aguja a juego. Dejé mi cabello oscuro suelto en ondas naturales y tomé mi gabardina; el invierno de Boston ya empezaba a morder.
En la cocina encontré a Ivana desayunando, impecable como siempre.
—¡Buenos días, Ivi! —la saludé—. ¿Cómo logras estar lista tan temprano?
—Buenos días, querida hermana —respondió ella con una sonrisa cómplice—. A eso se le llama la "presión de papá".
Ambas soltamos una carcajada. Papá no solo era el CEO, era un sargento cuando se trataba de puntualidad.
—¿Sabes de qué se trata esta reunión? —pregunté con curiosidad mientras tomaba un café rápido.
—Ni idea. Lleva días encerrado. Incluso se ha estado reuniendo con Erick Allen, de Constructora Allen. ¿Lo conoces?
—He oído de él —asentí—. Sus diseños son geniales y su reputación es intachable, pero nunca lo he visto en persona. ¿Qué estará tramando papá?
—No lo sé, pero mejor nos apuramos —dijo Ivana levantándose—. Sabes que odia la impuntualidad.
Salimos hacia la sede de ISVO en nuestros respectivos autos. Al llegar al piso 14, Carmen, la secretaria de confianza de mi padre, nos recibió con el cariño de siempre.
—¡Carmen, cada día estás más bella! —le dije dándole un abrazo.
—¡Pero qué aduladoras! —rio ella—. Pasen, niñas. Su padre está en la sala de juntas con el equipo, solo faltan ustedes.
Entramos y saludamos al equipo. Mi padre tomó la palabra de inmediato, con ese brillo en los ojos que solo aparece cuando tiene una idea millonaria.
—Quiero construir un nuevo hotel en Cozumel, México —empezó—. Un concepto ecológico, autosustentable, que respete el ecosistema y se sienta como un hogar, no como una fría estructura de cristal. Especialmente en una pequeña isla justo enfrente del terreno principal.
—¡Es una idea grandiosa, papá! —exclamó Ivana.
—Si, papá —añadí, ya visualizando el proyecto—. Pienso en bungalows flotantes unidos por muelles, pisos de madera local, paredes de piedra, jacuzzis al aire libre y mucha vegetación integrada.
Mi padre sonrió, satisfecho.
—De eso estoy hablando. Y ya tenemos a la constructora: Allen. He estado negociando la disponibilidad del señor Erick Allen personalmente.
Tras la reunión general, papá nos pidió a Ivana y a mí quedarnos a solas con él.
—Necesito que ambas se involucren a fondo. Ivana, tú verás los permisos y la parte legal desde aquí. Y tú, Isabella... —se giró hacia mí—, necesito que viajes a México con el arquitecto. Evaluarás el terreno con él y diseñarás tanto el exterior como el interior.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis tacones.
—No, papá. No puedo viajar ahora. Sabes que estoy por inaugurar mi propia oficina de diseño.
—Lo siento, Isabella, pero este proyecto es prioridad. Tendrás que posponer lo tuyo —dijo con un tono que no admitía réplicas. Se levantó con un simple "nos vemos más tarde" y salió de la sala.
—¿Pero ¿qué acaba de decir? —solté, indignada—. ¡No puede decidir por mí así!
—Isa, entiéndelo, está emocionado... —intentó calmarme Ivana.
—No me voy a quedar de brazos cruzados. ¡Me va a escuchar!
Salí de la sala hecha una furia, ignorando las advertencias de Carmen, y abrí la puerta de la oficina de mi padre sin tocar. Al entrar, vi a un hombre sentado frente a él. Era alto, de hombros anchos y una presencia que llenaba la habitación, pero mi enojo era más grande que mi prudencia.
—No puedes hacerme esto, papá —le espeté—. Llevo meses trabajando en mi proyecto personal.
—Isabella, modera tus formas —me regañó mi padre frunciendo el ceño—. ¿Qué va a pensar el señor Allen?
El hombre se levantó con una elegancia pausada. Tenía una mirada intensa que me recorrió de arriba abajo.
—Señor Brown, iré por un café mientras ustedes terminan —dijo él con una voz profunda que me irritó más de lo que debería. Salió de la oficina dejándome a solas con mi padre.
—¡Papá, por favor! Que vaya Ivana —supliqué.
—Ivana tiene responsabilidades aquí, Isabella. Tú eres la que tiene la visión de diseño que este hotel necesita. Es tu deber con la familia. Termina este proyecto y luego haz lo que quieras con tu oficina. Y al salir, discúlpate con el señor Allen por tu actitud.
—Disculpe por la interrupción y mi manera de actuar —le dije, mirándolo fijamente a los ojos.
—No te preocupes —respondió él con una sonrisa de suficiencia—. Ya he tratado antes con niñas malcriadas.
Se dio la vuelta y entró a la oficina, dejándome con la palabra en la boca. "Imbécil", pensé mientras apretaba el botón del ascensor.
Media hora después, estaba en un restaurante con Alexa, mi mejor amiga y organizadora de eventos.
—¿Entonces sí viajarás? —me preguntó mientras servían el almuerzo.
—No tengo opción. No dejaría a papá solo con este proyecto —le confesé, suspirando—. Pero la inauguración tendrá que esperar.