El Diseño de nuestro destino

CAPITULO 3 Confidencias y Malas Espinas

La mañana en Cozumel amaneció con un sol radiante, pero mi mente seguía en Boston. Antes de reunirme con Erick para revisar los bocetos finales, necesitaba una dosis de realidad. Me serví un café en el balcón del hotel y marqué el número que me sabía de memoria.

—¡Dime que no te ha comido un tiburón todavía! —la voz vibrante de Alexa inundó el auricular, haciéndome sonreír de inmediato.

—Casi, pero el tiburón mide un metro noventa, usa trajes caros y se llama Erick Allen —respondí soltando un suspiro.

Le resumí rápidamente el caos: la decisión repentina de mi padre, el viaje forzado y, por supuesto, nuestro primer encuentro desastroso.

—Si hazlo, amiga —me animó Alexa cuando le conté mis dudas sobre posponer mi oficina—. Yo tengo que organizarme con todo esto de mi agencia de festejos, pero tú no puedes dejar que ISVO se caiga. Además, con la ayuda del arquitecto será más rápido.

—Ese es el problema —gruñí, recordando su mirada de superioridad—. Es un imbécil. Está buenísimo, Alexa, no te voy a mentir, pero es un idiota integral. ¿Puedes creer que me llamó "niña malcriada"? O sea, sé que fui maleducada al entrar así en la oficina de mi padre, pero estaba furiosa. Me disculpé y aun así el muy idiota me dijo que no me preocupara, que estaba acostumbrado a tratar con "niñas malcriadas".

—¿Pero será imbécil? ¿No le dijiste nada? —preguntó Alexa indignada.

—No, no me dio tiempo. Me dejó con la palabra en la boca y se metió a la oficina con mi papá. Pero no te preocupes, tendremos mucho tiempo juntos en esta isla y podré desquitarme. No sabe con quién se metió.

Cambié el tono de voz, bajando la intensidad. Alexa siempre estaba para mí, pero sentía que ella estaba cargando con algo pesado.

—Pero ya basta de hablar de mis dramas corporativos. Cuéntame de ti, ¿cómo has estado estos días? ¿Cómo vas con Sergio?

Hubo un silencio al otro lado de la línea, uno de esos que dicen más que las palabras.

—Bien, amiga... ahí vamos, tratando de sacar este matrimonio adelante. A veces tiene comportamientos raros.

—¿Raros cómo? —pregunté, enderezándome en la silla. El instinto de protección se me activó al instante.

—Pues, se molesta con facilidad y por cualquier cosa. Luego vuelve a estar tranquilo, como si nada hubiera pasado. Es agotador, Isa.

Me dolió el pecho. Conocía a Alexa desde que llegué a Estados Unidos y ella era la persona más alegre que conocía; no merecía caminar sobre cáscaras de huevo en su propia casa.

—Ten mucho cuidado, amiga —le dije con firmeza, deseando estar allí para tomar su mano—. Sabes que me puedes llamar a cualquier hora, no importa si son las tres de la mañana aquí o allá. Siempre estaré para defenderte.

—Lo sé —respondió ella con un hilo de voz—. Pero no creo que Sergio sea capaz de hacerme algo... solo está estresado.

—Ojalá tengas razón —susurré, aunque una mala espina se instaló en mi estómago.

Colgamos después de prometernos hablar pronto. Me quedé mirando el horizonte, preocupada por mi amiga y nerviosa por el día que tenía por delante. Tenía que enfrentarme a un arquitecto arrogante mientras mi mejor amiga lidiaba con un esposo impredecible. Definitivamente, la vida en el paraíso no iba a ser nada tranquila.

Guardé el teléfono con una mezcla de ansiedad por Alexa y determinación por lo que venía. Me puse unos pantalones de lino fresco y una blusa sin mangas; en Cozumel, el estilo ejecutivo se adaptaba al trópico. Caminé hacia la pequeña villa que papá había alquilado como oficina provisional cerca de la costa.

Al entrar, el aroma a café recién hecho y algo parecido al cedro me inundó. Esperaba encontrar a un Erick Allen impecable, listo para darme órdenes, pero la imagen fue distinta.

Erick estaba inclinado sobre una mesa de dibujo enorme, con la camisa blanca desabotonada en el cuello y las mangas recogidas hasta los codos. Tenía el cabello revuelto, como si hubiera pasado los dedos por él mil veces, y unas ligeras sombras bajo los ojos delataban que no había dormido.

—¿Has estado aquí toda la noche? —pregunté, suavizando el tono sin querer.

Él levantó la vista, sorprendido. Por un segundo, su mirada no fue la del arquitecto arrogante, sino la de alguien genuinamente agotado.

—Las ideas no esperan al amanecer, Isabella —respondió con la voz un poco ronca. Señaló la mesa—. Ven a ver esto. Estuve pensando en lo que dijiste en la cena. Sobre el "alma" del lugar.

Me acerqué, quedando lo suficientemente cerca como para sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Sobre el papel, Erick había fusionado nuestras visiones. Las estructuras de acero seguían ahí, pero ahora eran solo el esqueleto oculto bajo muros de piedra local y techos de palma tejida que parecían flotar sobre el agua.

—Es... es perfecto —admití, trazando con el dedo la línea de un bungalow—. Lograste que lo moderno se sienta antiguo, como si el hotel hubiera emergido del mar.

—Tus bungalows flotantes fueron la clave —dijo él, mirándome de una forma distinta, más profunda—. Tenías razón, el cristal solo habría sido una barrera. He diseñado ventanales escamoteables que se ocultan en las paredes de madera. El huésped no verá el mar a través de un vidrio, estará dentro del mar.

Pasamos las siguientes horas trabajando codo con codo. Por primera vez, nuestras mentes conectaron. Él aportaba la precisión técnica y yo la calidez de los materiales. En medio de los planos, compartimos un café frío y algunas anécdotas de nuestras carreras. Me contó que de niño construía ciudades de arena que su padre, un ingeniero estricto, corregía con una regla.

—Por eso eres tan perfeccionista —comenté, dándole un sorbo a mi café—. Buscas la aprobación que no te dio él.

Erick se quedó en silencio, mirándome fijamente.
—Y tú buscas independencia para demostrar que no eres solo "la hija de Brown". Somos más parecidos de lo que quieres admitir, Isabella.

La tensión en la habitación cambió. Ya no era una pelea por quién tenía la razón, sino una atracción eléctrica que flotaba entre los planos y el olor a salitre. Erick se acercó un poco más, su mano rozó mi antebrazo mientras señalaba un detalle en el diseño de los interiores.




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