Después de la adrenalina del estacionamiento, no perdí tiempo. Conducir a través de las calles de Boston bajo la lluvia se sintió como una huida. Llevamos a Alexa a una propiedad privada de la familia que mi padre apenas usaba; un refugio seguro con seguridad privada que yo misma contraté con mis propios ahorros, para no dejar rastro en las cuentas de ISVO.
—Estarás a salvo aquí —le dije a Alexa mientras la acomodaba. Sus ojos, aunque aún tristes, mostraban un brillo de gratitud que hizo que todo valiera la pena—. Ivana se quedará cerca y mis abogados ya están tramitando la orden de alejamiento. Sergio no volverá a tocarte.
—Gracias amiga, no se que haría sin ti —me dijo —. A ti también te agradezco Ivana son las mejores.
Me despedí de ella con un nudo en la garganta y corrí al aeropuerto. No podía perder ni un segundo más.
Cozumel: El reencuentro.
Llegué a la isla al amanecer, con el cuerpo molido y una marca amarillenta en el pómulo que solo capas generosas de corrector lograban ocultar. Fui directo a la oficina de la obra. Erick estaba allí, frente al ventanal, mirando hacia el muelle con una taza de café en la mano. Se veía agotado, como si él también hubiera librado una batalla.
Al escuchar la puerta, se giró. Su rostro pasó del alivio absoluto a una furia contenida cuando vio mis manos vendadas y el rastro del golpe en mi cara.
—Isabella... —se acercó a mí en dos zancadas, tomando mis manos con delicadeza—. ¿Qué pasó? Tu padre sospecha, casi me saca la verdad a gritos ayer.
—Sergio nos interceptó en el garaje —solté, dejándome caer en una silla mientras el cansancio me golpeaba por fin—. Intentó atacarnos con una vara de metal. Tuve que usar lo que sabía de kickboxing para detenerlo. Está fuera de combate por ahora, y Alexa está a salvo.
Erick se arrodilló frente a mí, con una expresión que mezclaba admiración y terror.
—¿Te enfrentaste a él? Eres increíble e increíblemente imprudente. Si te hubiera pasado algo...
—No me pasó nada, Erick. Pero mi padre sabe que mentí. Me lo dijo por teléfono, aunque no sabe exactamente dónde estuve. Tenemos que ponernos al día ya. No podemos darle ni una sola razón para dudar de nuestra capacidad profesional.
—Tienes razón —dijo él, recuperando su postura—. Nicholas estuvo revisando los cronogramas. Quiere que hoy mismo se firmen las órdenes de los materiales sostenibles. He avanzado en el diseño estructural de los bungalows flotantes, integrando las especificaciones de carga que pediste para las paredes de piedra.
Pasamos las siguientes horas en una sincronía perfecta. Revisamos presupuestos, ajustamos los planos de iluminación y terminamos el catálogo de interiores. Por un momento, el caos de Boston quedó atrás, reemplazado por la pasión compartida por el proyecto. Erick me explicaba los cálculos de tensión del muelle mientras yo seleccionaba las texturas de las telas que resistirían la humedad del Caribe.
—Hacemos un equipo peligroso —comentó Erick, mirándome mientras yo corregía un detalle en el render—. Mañana es el primer picazo oficial. Tu padre estará allí con la prensa local. Tienes que estar impecable.
—Lo estaré —prometí—. Pero Erick, papa no va a soltar el tema de Mérida. Va a intentar acorralarme cuando estemos a solas. Necesito que me cubras si decide interrogar a los proveedores.
Él asintió, acercándose para depositar un beso suave en mi frente, evitando mi pómulo lastimado.
—Haré lo que sea necesario. Pero Isabella, después de que este hotel esté en pie, tú y yo tenemos una conversación pendiente sobre nosotros. No voy a dejar que lo que pasó esa noche se pierda entre planos y secretos.
Le sonreí, sintiendo por primera vez en días un poco de paz. Estábamos en el ojo del huracán, con mi padre acechando y un proyecto imposible por delante, pero no estaba sola.