La Paz Vulnerable
Papa nos trasladó a su propiedad más privada: una villa colonial en las colinas de El Hatillo, donde el clima es fresco y el silencio solo lo rompe el canto de las aves. Bajo las estrictas órdenes del médico, mi mundo se redujo a una cama con sábanas de seda y un balcón desde donde veía el Ávila.
Erick se convirtió en mi sombra. Instaló su oficina en la habitación contigua para no despegarse de mí. Él, que antes solo hablaba de estructuras de acero, ahora era un experto en vitaminas, horarios de medicamentos y en leer mis silencios.
—Tienes que comer un poco más, Isa —me dijo una tarde, acercándome una bandeja con frutas—. El médico dice que el bebé necesita que recuperes peso.
—Lo intento, Erick —respondí, dándole un sorbo al jugo—. Pero es extraño estar así... quieta. Siento que el mundo sigue y yo me detuve.
Él dejó los platos a un lado y se sentó al borde de la cama, tomando mi mano con una ternura que todavía me hacía vibrar.
—El mundo puede esperar. Cozumel sigue en marcha, Ivana está supervisando todo desde allá, pero nada de eso importa si tú no estás bien. Mi único proyecto ahora eres tú.
El Choque de Titanes
La paz se vio interrumpida por la llegada del clan Brown en pleno. Ivana entró como un torbellino, abrazándome y llorando, pero fue el encuentro entre mis padres lo que hizo temblar la casa.
Milena, la mujer que me dio el amor de madre que perdí, entró a la habitación con el rostro encendido. Detrás de ella, Nicholas intentaba mantener su postura de sargento, pero por primera vez, se veía intimidado.
—¡Es una locura, Nicholas! ¡Casi la pierdes! —el grito de Milena resonó en los pasillos—. La enviaste a este país sola, sabiendo que ese monstruo de Ricardo seguía acechando en las sombras de tu propia empresa. ¡Eres un irresponsable!
—¡Ella es una Brown, Milena! ¡Quería demostrar su valía! —replicó mi padre, aunque su voz carecía de la fuerza habitual.
—¡Ella es tu hija, no uno de tus gerentes de hotel! —Milena se plantó frente a él, señalándolo con el dedo—. Si Isabella o ese bebé hubieran muerto, no te lo habría perdonado nunca. Te advertí hace años que debías limpiar ISVO de esas ratas , pero preferiste mirar los balances financieros.
Me dolió ver a mi padre así, pero sabía que Milena tenía razón. La ambición de Nicholas había creado el punto ciego por el que Ricardo se coló. Verlos pelear me recordó cuánto me amaban, cada uno a su manera, pero también me hizo sentir el peso de la culpa que todos cargábamos.
La Trampa del Muerto
Sin embargo, el verdadero golpe llegó esa misma noche. Ivana entró a mi cuarto con una carpeta legal que le habían entregado los abogados de la sede en Caracas.
—Isa... papá... tienen que ver esto —dijo Ivana, con el rostro pálido—. Ricardo no solo lavaba dinero.
Resultó que Ricardo, previendo que algún día podría ser descubierto, había redactado una serie de documentos legales años atrás, aprovechando su poder notarial en Venezuela. Había vinculado la herencia de las acciones de mi madre —que pasaron a mí— a una supuesta deuda corporativa inexistente pero legalmente blindada.
—¿Qué significa esto? —pregunté, sintiendo un frío en el estómago.
—Significa —explicó el abogado de la familia, que entró tras Ivana— que, técnicamente, Ricardo puso tus acciones y las propiedades que heredaste de tu madre como garantía de un préstamo masivo de una empresa fantasma en Europa. Si él cae o es sentenciado, esa "deuda" se ejecuta.
—Me está quitando lo que es mío desde la cárcel —susurré, incrédula—. Está amenazando mi patrimonio y el futuro de mi hijo.
Nicholas golpeó la mesa con el puño.
—No lo permitire. No mientras yo respire.
—Hay un detalle más —añadió el abogado, mirando a Erick—. La empresa fantasma que reclama la deuda... el beneficiario final oculto en el registro de Luxemburgo no es Ricardo. Es el padre de Erick, el señor Allen Senior.
El silencio que siguió fue absoluto. Erick se puso de pie, con el rostro desencajado, mirando el documento como si fuera veneno. El pasado de Dubái, la traición de Ricardo y la ambición del padre de Erick se entrelazaban en una red que ahora amenazaba con asfixiarnos a todos.