El Doble

CAPITULO VII EL ESCAPE

Atenas es la capital de Grecia y la ciudad más importante de este país,
primero, por ser la más poblada y, segundo, porque allí se mueve todo el poder
político y económico. Además, hay que tener en cuenta que es una ciudad rica en
historia, ya que en ella aún se conservan edificaciones construidas hace más de
3000 años; entre ellas está el Partenón, ubicado en la Acrópolis, en el cual se
reunieron grandes filósofos y pensadores que dieron un gran aporte a la historia
humana con sus descubrimientos y teorías del funcionamiento del mundo en todas
las ramas de la ciencia conocidas entonces.
Dicha ciudad es el destino final de una avioneta que salió de Milán con un
árabe y sus escoltas. Cuando entraron en espacio aéreo griego, W recibió por
radio un mensaje que le pedía identificación del vuelo, origen y destino, al cual el
piloto hizo caso omiso y se dispuso a aterrizar en una pista que se encontraba a
20 minutos en carro del centro de la ciudad.
Ya en tierra, Alí le pidió a Momphis —a W, en realidad— que lo llevara a la
casa de un amigo y dispusiera de la mayor cantidad de hombres para su
protección, ya que él sabía que en este momento lo estaban buscando todas las
agencias de seguridad.
Mientras tanto, en Roma, John ya se encontraba en el lugar donde antes
estaba Tom y desde el cual realizó la llamada; con guantes, recogió el celular y lo
metió en una bolsa e inmediatamente lo mandó al laboratorio para extraerle toda
la información. Con cinco guardias del Vaticano y diez hombres de la Interpol,
John y Nataly ya llevaban 20 minutos buscando en aquella casa pistas para poder
ubicar al exjefe de la Guardia Suiza.
—Agente John, hemos encontrado un sobre en una de las habitaciones
—explicó un guardia suizo mientras se acercaba al agente.
—¿Y qué contiene el sobre? —preguntó John.
—Nada, está totalmente vacío.
—Si no contiene nada, ¿entonces por qué me trae eso? Necesito encontrar
información que me ayude a encontrar a Tom, y un sobre vacío no es de mucha
ayuda que digamos.
—Lo sé, señor, pero se lo traje por una razón, el sobre está marcado y dice
«entregar a Nataly».
—¿Cómo? ¿Pero por qué está mi nombre en un sobre vacío? —preguntó
exaltada la agente.
—No lo sabemos; revisamos toda la casa y esto fue lo único que
encontramos diferente.
—Y ¿en qué lugar estaba? —preguntó Nataly.

—Encima de una mesa, en aquella habitación.
De inmediato los dos agentes se dirigieron a la habitación en la cual habían
encontrado el sobre, se acercaron a la mesa y la examinaron minuciosamente,
pero no hallaron nada. Observaron en el closet, en la cama, en el televisor, en los
cajones, pero obtuvieron el mismo resultado de los guardias, no encontraron
ningún elemento nuevo que les ayudara a localizar a Tom.
—Por algún motivo Tom dejó un sobre marcado con mi nombre, quizá
examinando su celular encontremos alguna pista del significado de esto
—comentó la agente.
—Puede ser, vamos al Vaticano y miremos qué reporte nos tienen; hace
más de media hora que lo envié a revisar, ya deben haber encontrado algo. Aquí
no tenemos nada más que hacer —concluyó John.
Carlos y Ramiro llevaron detenido al escolta del árabe a la estación central
de Milán para interrogarlo. Mientras Carlos le hacía las preguntas de rigor, Ramiro
se comunicaba con todas las terminales aéreas y terrestres de Italia para saber si
habían visto a Alí sin obtener aún resultados positivos.
—Señor, desde Grecia nos avisan de que una avioneta de tamaño mediano
entró en espacio aéreo y no se reportó. Parece que aterrizó en una pista
clandestina cercana al centro de la ciudad de Atenas —llegó informando un
agente de la Interpol a Ramiro.
—¿Hace cuánto aterrizó? —preguntó Ramiro.
—Aproximadamente veinte minutos.
—Los tiempos de vuelo para salir de Italia y llegar a Grecia concuerdan, esa
es la avioneta del árabe; inmediatamente comuníquenme con la policía griega.
Carlos no pudo sacar información al detenido. Pidió que lo llevaran a una de
las celdas y dijo que después mirarían qué hacer con él. Se fue a reunir con su
compañero para ver en qué iba la ubicación del árabe y se alegró al ver que
Ramiro había conseguido dar con el paradero de Alí.
El único problema que tenían en estos momentos era la falta de
cooperación por parte de las autoridades griegas, ya que Ramiro había hablado
con varios oficiales, tenientes y comandantes y ninguno le dio esperanzas de
poder detener a Alí con la excusa de que este era un hombre muy poderoso, con
amigos muy influyentes en el Gobierno griego y no tenía una orden de arresto en
aquella ciudad.
Ramiro estaba furioso por la poca colaboración ofrecida por los griegos y no
sabía qué más hacer; cada minuto que pasara era un minuto más que
aprovecharía el árabe para huir. No sabía cómo detener a este hombre y sus
posibilidades se iban reduciendo con el paso de los minutos.
—Bienvenido a Grecia, querido amigo —le dijo Stoiko a Alí cuando este
llegó a su casa en Atenas.
—Muchas gracias por recibirme, me imagino que ya te habrás dado cuenta
de que me están persiguiendo y por tal motivo tuve que huir de Italia.

—Sí, ya me enteré de eso, pero tranquilo, aquí en mi casa estarás bajo la
protección de mis hombres y no te pasará nada.
Stoiko era un ruso que vivía desde hacía cinco años en Grecia. Era un
hombre con una gran fortuna gracias a la venta legal e ilegal de armas a los
países árabes. Ya había tenido varios negocios con Alí y había entablado una
gran amistad con el árabe, puesto que compartía sus mismos gustos por las
mujeres, el dinero y los avances tecnológicos en armamento.
En el Vaticano, los agentes del FBI John y Nataly esperaban ansiosos el
contenido del celular hallado en la casa donde estuvo Tom. Ya había pasado
cerca de una hora y el especialista no había dado información sobre los archivos
guardados en dicho celular. Mientras esperaban, Nataly cogió el sobre vacío y lo
examinó minuciosamente, pero no veía nada raro, aparte de estar su nombre allí
escrito.
La agente se levantó de la silla donde estaba sentada esperando y con el
sobre en la mano se fue al baño a refrescarse un poco la cara. Estando allí, dejó el
sobre encima de la mesa donde está el lavamanos y procedió a abrir la llave del
grifo para tomar agua. En ese instante, unas cuantas gotas salpicaron en la
dirección donde estaba el sobre, lo que produjo que este se mojara un poco.
Nataly cerró la llave del grifo, agarró el sobre y lo colocó debajo del aparato para
secar las manos; mientras ella pensaba que había cometido una brutalidad al
llevar el sobre al baño y colocarlo cerca del agua, no había visto que por causa del
calor producido por el aparato para secar manos fueron apareciendo unas letras
de color amarillo encima del sobre.
Cuando Nataly bajó la vista para ver si el sobre ya estaba seco, quedó
sorprendida al leer lo que decía en las letras amarillas que habían acabado de
aparecer: «Te espero en la Fontana de Trevi mañana a las 8:00. Si estás leyendo
este mensaje es porque descifraste el video que dejé grabado en el celular. Lo
que tengo que decirte es de mucha importancia. Atte.: Tom. P. D. Ve sola».
Nataly no salía del asombro al ver aquellas letras que se iban
desvaneciendo por falta de calor; volvió a colocar el sobre debajo del aparato para
secar las manos e inmediatamente volvía a aparecer el mensaje antes leído. En
ese instante John llamó a la puerta del baño; la agente dobló el sobre, lo guardó
en un bolsillo de su pantalón y salió de aquel recinto para hablar con su
compañero.
—¿Por qué te demoraste tanto para salir? —preguntó John.
—Me estaba lavando un poco la cara —contestó ella.
—Ya llegó el reporte del contenido del celular, pero no quería revisarlo sin
ti; vamos a la oficina del capitán de policía y allá lo miramos —explicó John.
Ramiro no podía más; no comprendía cómo unos pocos funcionarios del
Gobierno estaban afectando el cumplimiento de su deber. Por más que intentaba
conseguir alguna pista del paradero del árabe Alí, nadie en Atenas le daba
detalles de su posible ubicación, llegando a ser hasta insultado por un teniente de
la Policía local.




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