El Doble

CAPITULO XI EL REGRESO

En el correo de todos los empleados del Vaticano, incluyendo al mismo
papa, llegó un documento firmado por Tom que decía lo siguiente:
Primero que todo quiero pedirles perdón por cualquier inconveniente que les
hayan causado mis actuaciones en días pasados. Entiendo que muchos quieren
saber la verdad de mi proceder y es por eso por lo que, por medio de este
comunicado, quiero aclarar varios puntos sobre mi actuar:
Yo no fui la persona que atentó contra el santo padre. Esto fue orquestado por
otro individuo, muy conocido por la mayoría de ustedes. Su nombre es John
Stewart, el agente del FBI. Hemos sabido por medio de un vigilante de la Guardia
Suiza, el cual ya fue capturado y que lo delató, que el agente ordenó el atentado
contra el helicóptero. Este guardia, al entrar a mi oficina, recibió por parte de
John un celular para activar la bomba que hizo explotar la aeronave del papa.
Además, colocó encima de mi escritorio pruebas falsas que hacían referencia a
que yo era el autor de este ataque. Por fortuna, el día de ayer dicho guardia fue
arrestado en la ciudad de Milán y confesó todo su plan.
El robo que se efectuó en la bóveda del Vaticano sigue siendo investigado.
Mientras que el secuestro de la agente del FBI, Nataly, fue un acto realizado por
un espía enviado por el árabe Alí Mustafá y que buscaba conseguir información
sobre su compañero John y una nueva tecnología de camuflaje.
Es verdad que yo hice una llamada al árabe Alí, pero la razón de esta
comunicación era poder localizarlo, y ese objetivo se cumplió. Aclaro que no
tengo ningún vínculo con este señor y que todas mis acciones fueron buscando
el bienestar de todos, empezando por el del santo padre.
Sin más que decir y aportando pruebas contundentes de lo mencionado en los
puntos anteriores, quiero nuevamente pedirles que me perdonen por todo lo que
les he hecho pasar en los últimos días y comprendan que lo hice por el bien de
todos. Con todo cariño, su jefe y amigo que los quiere, Tom.
Después de leer el comunicado enviado por el jefe de la Guardia Suiza y las
pruebas aportadas en un archivo adjunto a este correo, muchos de los que no
creían en la inocencia de Tom no tuvieron más que aceptar la realidad y buscar a
su jefe para pedirle disculpas por no creer en él. Cuando Tom llegó a la sala de
vigilancia, todos los empleados que se encontraban allí se levantaron de su
asiento y le dieron un gran aplauso; se le acercaron a darle abrazos y decirle que
contaban con su apoyo incondicional.
En ese momento, uno de los empleados de la Guardia Suiza llegó con un
teléfono hacia donde estaba Tom y se lo entregó para que recibiera la llamada.
—¿Con quién hablo? —preguntó Tom.

—Con Ramiro, acabo de llegar al aeropuerto de Roma y me gustaría
reunirme con usted. Acabo de leer en mi celular el mensaje que envió y me alegra
mucho saber que usted es inocente y que todo lo que hizo fue en por una buena
causa.
—Muchas gracias, agente. Si lo desea venga aquí, al Vaticano, y hablamos.
—Antes de ir al Vaticano debo hablar con la agente Nataly, ¿usted sabe
dónde está?
—Sí, o eso creo. Pienso que se fue para la casa del árabe Alí, ubicada aquí
en Roma.
—Listo, me voy directo para allá. Necesito preguntarle algo muy importante
sobre su compañero fugitivo. Muchas gracias, Tom.
Antes de que Nataly se despidiera de Tom, le dijo que tenía que ir a la casa
del árabe Alí a buscar respuestas a muchas dudas que tenía sobre su compañero.
El jefe de la Guardia Suiza quiso acompañarla, pero ella no aceptó, prefería ir
sola. Igual, si necesitara ayuda, lo llamaría. Antes de salir de la sala de
comunicaciones, Tom le prestó una chaqueta para que se protegiera del frío; en
ese momento la agente miró a Tom y se acordó de cuando estaba esposada en la
jefatura de Policía y le dio una chaqueta parecida, con la cual pudo escapar de allí.
Se acercó a él y le dio un abrazo y las gracias.
Con lo que no contaba Nataly era con que John iba a aparecer en esa
misma casa y que la iba a matar. Al llegar a la tercera planta del edificio, John le
pidió a su compañera que entrara en una de las habitaciones y se acomodara en
una de las sillas. Antes de que ella se sentara, le pidió que se quitara la chaqueta
y la cacheó para verificar que no tuviera un arma escondida. Además, le quitó su
dispositivo móvil. Luego le pidió que se sentara y que lo escuchara.
—Si no hubiera llegado a tus manos ese video no estaríamos en esta
situación —comenzó diciendo John—. Yo te aprecio mucho, Nata, pero, por
desgracia, has descubierto una verdad que estaba muy oculta y no puedo dejarte
salir con vida, sería muy peligroso para mí.
—No sé por qué mencionas tanto ese video. Es verdad que lo vi, en esta
misma casa me lo hicieron ver, pero creo que todo tiene una explicación, no sé, de
pronto la fecha que hay allí plasmada no era la real, o lo modificaron, en fin, un
montón de posibilidades que tú me podrías aclarar.
—El video es real, la fecha concuerda. No te lo voy a negar. Es más, ese
mismo video lo vi yo en días pasados en el laboratorio de mi padre y la persona
que me lo mostró me prometió que, si le entregaba al árabe Alí, dicho video sería
destruido; pero, lamentablemente, no cumplió su palabra. Y, además, te cuento
otra cosa, la persona que me enseño el video en los laboratorios de la empresa de
mi padre, en la ciudad de Huesca, es el mismo que te tenía secuestrada en esta
casa.
Nataly no salía del asombro al enterarse de que el video que Tom le había
mostrado ya había sido enseñado a John por la misma persona que la había
secuestrado.




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