La primera vez que Wen Ke Xing descubrió la infidelidad de su Ah-Xu, no supo cómo reaccionar. Recuerda haberse quedado completamente inmóvil junto a la puerta, incapaz de comprender lo que estaba viendo: su esposo estaba en la cama que ambos compartían, con otro hombre.
Durante varios segundos, Wen Ke Xing no escuchó nada. Ni los sonidos provenientes de aquella habitación, ni el ruido de la ciudad al otro lado de las ventanas. Solo podía contemplar aquella escena mientras algo dentro de su pecho se rompía lentamente.
Había pensado que él y Zhou ZiShu se amaban.
Había pensado que, después de todo lo que habían atravesado para llegar hasta allí, finalmente podían disfrutar de una vida tranquila.
Se equivocó.
La segunda vez fue diferente.
Para entonces, Wen Ke Xing ya había aprendido que las disculpas de su esposo siempre llegaban acompañadas de regalos, palabras dulces y promesas que jamás sobrevivían demasiado tiempo.
Aquella noche, Zhou ZiShu había regresado a casa después de haber estado con alguien más. Sin embargo, en lugar de enfrentarlo, lo envolvió entre sus brazos y consiguió que Wen Ke Xing olvidara, aunque fuera durante unas horas, aquello que tanto le dolía.
Le hizo el amor con una ternura que consiguió confundirlo, y Wen Ke Xing, débil ante el amor que sentía por él, terminó perdonándolo otra vez.
Después vino una tercera, luego una cuarta, y después dejó de contarlas.
Cada vez que el señor del Valle Fantasma descubría que su esposo había vuelto a engañarlo, Zhou ZiShu encontraba una nueva manera de conseguir su perdón; a veces eran joyas, y otras veces, obsequios costosos. En ocasiones, simplemente bastaban unas cuantas palabras pronunciadas con esa voz que Wen Ke Xing amaba demasiado, y casi siempre, terminaban en la misma cama.
Wen Ke Xing perdonaba.
Porque amaba a Zhou ZiShu.
Porque tenía miedo de perderlo.
Porque una parte de él seguía convencida de que, si esperaba lo suficiente, su Ah-Xu finalmente comprendería cuánto lo estaba lastimando.
Ye BaiYi fue el único que nunca entendió cómo podía soportarlo.
—¡Él no se merece que lo trates de esa manera! —exclamó una tarde, tomando a Zhou ZiShu del cuello de sus ropas—. ¡¿Cuántas veces más piensas hacerle esto?!
ZiShu sabía que tenía razón, por supuesto que lo sabía, aún así, tampoco podía evitar pensar que, al final, Wen Ke Xing siempre terminaba perdonándolo.
—Lao Wen me ama —respondió con una calma que enfureció todavía más a Ye BaiYi.
—¡Precisamente por eso deberías dejar de aprovecharte de él!
Zhou ZiShu no contestó, no tenía una respuesta que pudiera justificarlo, porque, en el fondo, sabía que Ye BaiYi estaba diciendo la verdad. Sin embargo, jamás imaginó que aquellas palabras terminarían convirtiéndose en una advertencia que recordaría demasiado tarde.
Después de aquella discusión, Ye BaiYi dejó de aparecer frente a ellos.
Wen Ke Xing no preguntó demasiado, pero lo extrañó.
Existía un pequeño vacío en su vida que antes ocupaba la presencia de aquel hombre que siempre había sido demasiado directo, demasiado ruidoso y demasiado honesto.
Quizá, si hubiera escuchado sus palabras con atención, algunas cosas habrían sido diferentes. No obstante, Wen Ke Xing todavía no estaba preparado para aceptar la realidad.
Los años continuaron pasando, y mientras el tiempo avanzaba, las inseguridades comenzaron a crecer dentro de él. Ya no se preguntaba si Zhou ZiShu lo amaba, se preguntaba cuánto tiempo faltaba para que dejara de hacerlo. Cada nuevo amante de su esposo alimentaba sus temores. Cada salida inesperada, cada viaje, cada noche en la que ZiShu no regresaba a casa a la hora prometida, hacía que su imaginación trabajara en su contra.
Por las noches, cuando se encontraba solo en aquella enorme cama, una voz dentro de su cabeza repetía las mismas palabras.
Ya no te ama.
Algún día se irá.
No eres suficiente.
Wen Ke Xing intentaba ignorarla, aunque cada vez era más difícil.
No quería perder a Zhou ZiShu.
No después de tantos años.
No después de haberlo amado durante tanto tiempo.
Así que continuó perdonando.
Hasta que llegó el día en que ya no pudo hacerlo.
ACTUALIDAD
Veinte años.
Veinte años de matrimonio.
Wen Ke Xing había marcado aquella fecha en el calendario desde hacía meses.
A pesar de todo.
A pesar de las heridas.
A pesar de las lágrimas que había derramado a escondidas.
Todavía quería creer que aquel aniversario podía ser diferente. Por eso se levantó temprano aquella mañana y agradeció que Zhou ZiShu estuviera de viaje. De esa manera, tendría tiempo suficiente para preparar todo sin que su esposo sospechara nada.
Quería sorprenderlo.
Preparó una cena especial, compró sus platos favoritos, algunas bebidas, velas y pequeños detalles que sabía que le gustaban, incluso había preparado un regalo.
Uno que había elegido después de pasar horas buscando algo que pudiera representar los veinte años que habían compartido. Cuando BeiYuan llegó, encontró el comedor prácticamente transformado.
Wen Ke Xing estaba de pie en medio de la habitación, observando cada detalle con una sonrisa nerviosa.
—¿Crees que es demasiado? —preguntó.
BeiYuan recorrió el lugar con la mirada.
Había flores sobre la mesa, velas cuidadosamente colocadas y fotografías de diferentes momentos de su matrimonio.
En cada una aparecían sonriendo.
Parecían felices.
—No —respondió finalmente—. Creo que está bien, Ke Xing.
Aún le costaba llamar al menor por su nombre.
Wen Ke Xing sonrió ampliamente, por unos segundos, consiguió sentirse feliz. Quería que aquella noche fuera perfecta y que Zhou ZiShu entrara por aquella puerta, mirara todo lo que había preparado y comprendiera que todavía existía algo por lo que valía la pena luchar.