Daelyn
Hace años, en la provincia de Aray —el lugar donde nací—, cada año durante el mes de mayo se rendía homenaje al semidiós Heracles. Había festividades, bailes y también presentaciones en los teatros, donde los actores representaban episodios de la vida del semidiós.
Cuando era niña, antes de que la reina me encontrara y me adoptara, conocí a un niño que, si no me decía su edad, habría creído que yo era mayor que él por su baja estatura. Nos conocimos porque nuestros padres eran amigos desde la infancia y deseaban que él y yo también lo fuéramos.
Algo que resaltaba en él no era su estatura, sino sus ojos azules. Para mí, era la primera vez que veía a alguien con ese color de ojos. El tono de su piel era como el trigo, y meses después descubrí que se debía a que le gustaba practicar con su espada de madera bajo el sol.
Su nombre era Einar, y no supe nada más de él después de que fui adoptada.
—¿Se conocen? —pregunta la diosa Afrodita, mirándonos a ambos.
—No —respondemos los dos al mismo tiempo.
—Permítame presentarme, su alteza —inclina la cabeza—. Mi nombre es Orión y soy un cazarrecompensas.
Orión y Einar comparten mucho físicamente: el tono de piel, el cabello rojizo y, sobre todo, el color de ojos. ¿Por qué recién ahora me acuerdo de Einar? Hace mucho tiempo que había dejado de pensar en él.
—Un gusto conocerlo, Orión —sonrío.
Una pequeña parte de mí se siente decepcionada, porque esperaba escuchar el nombre “Einar”.
Me retiro de la cama y es entonces cuando me percato de que sigo usando el mismo vestido rojo…
Mi vestido de compromiso. Un compromiso que no quiero aceptar con el príncipe. El color rojo de mi vestido significa, además del amor, la iniciativa: iniciar el viaje al reino Esmeralda y conocer el origen de mi don. La tristeza me invade al recordar que dejé a la reina y también a Kalel.
Kalel.
Observo molesta a la diosa Afrodita.
—¿Era necesario que usted usara la violencia contra mi caballero? ¡De hecho, quiero saber por qué me trajeron aquí!
—Princesa, como le recuerdo, mi trabajo…
—Sí, lo entendí, pero eso no responde lo que quiero saber.
—Pequeña princesa, déjalo terminar de hablar —pide Afrodita.
Asiento, indicándole que continúe.
—Me ofrecieron llevarla al reino Esmeralda de la manera más discreta.
Llevo una mano a mi boca, sorprendida. ¿Él también sabrá sobre mi don?
—¿Cómo se llama la persona que te pidió que hicieras eso?
—Es un secreto… hasta que la lleve al reino —responde con una sonrisa que transmite tranquilidad.
—Pequeña princesa, la invito a salir de la cabaña. Le mostraré mi hogar; sé que le encantará —Afrodita extiende su mano y la acepto.
Me dejo guiar por su cálida sonrisa y la suavidad de su mano hasta la puerta, pero antes doy una última mirada al joven de los ojos azules.
Él también me devuelve la mirada.
#24227 en Fantasía
#48593 en Novela romántica
fantasia romantica, diosas, guerra peleas ira conflictos poder
Editado: 12.08.2025