El Don de la Voz Prohibida

Capitulo Uno

Capitulo Uno

El pueblo de Orvethia despertaba lento, como si el sol tuviera que convencerlo primero. El aire aún estaba fresco, arrastrando el olor a madera húmeda y pan recién hecho desde alguna casa cercana. Las voces comenzaban a aparecer poco a poco, mezclándose con el sonido de pasos sobre la tierra y puertas que se abrían con pereza.

Naksu caminaba entre todo eso como si perteneciera ahí. Como si siempre hubiera pertenecido.

—Vas a terminar metiéndote en problemas otra vez —murmuró Thorik a su lado, con ese tono medio serio, medio divertido que siempre usaba cuando en realidad no estaba preocupado.

Ella ni siquiera lo miró.

—No sería “otra vez” si nunca me atraparon.

Thorik soltó una risa baja, negando con la cabeza.

—Ese es exactamente el tipo de lógica que te va a matar algún día.

—Entonces será un día interesante —respondió, encogiéndose de hombros.

Siguió caminando, dejando que el murmullo del pueblo la envolviera. Había algo en esa rutina, en lo cotidiano, que la mantenía estable. Anclada. Segura. Como si, mientras todo siguiera siendo así de simple, nada pudiera alcanzarla.

A veces pensaba en ella. La Diosa. La Diosa Blanca.

En la historia que todos susurraban como si fuera un eco lejano… algo que ya no existía.

Muerta.

Desaparecida.

Convertida en leyenda.

Naksu nunca había visto nada que confirmara que fuera real. Y, aun así… había algo en esa historia que no le gustaba. No sabía decir por qué. Tal vez era la forma en que la gente hablaba de ella, como si hubiera sido demasiado.

Demasiado poderosa.

Demasiado peligrosa.

Demasiado… imposible.

Solía pensar, y a veces desear, que al menos ella se hubiera sentido segura, aunque fuera por un breve momento, tal y como se sentía Naksu siempre.

Naksu desvió la mirada. No valía la pena pensar en eso. Las leyendas eran solo eso. Cuentos para llenar silencios.

Un graznido rompió el aire. Alzó la vista un segundo.

Un cuervo.

Nada fuera de lo común. Aun así… sus ojos se quedaron un instante más del necesario, como si algo en su interior tirara suavemente de ella. Como si la observaran.

Apartó la mirada.

—Te están buscando —dijo una voz a lo lejos.

Una mujer avanzaba con prisa entre las casas, claramente alterada.

—¡Necesitamos a la sanadora! ¡Por favor, Naksu, ayúdame!

Thorik dejó de caminar. Ella también.

Y en ese instante todo en ella cambió. No de forma visible. No para los demás. Pero algo en su postura, en su mirada, en la forma en que su respiración se acomodó, se volvió preciso. Controlado.

—Ve —dijo él, más serio ahora.

Y ella ya iba de camino.

*****

La casa era pequeña. Demasiado silenciosa para la cantidad de personas reunidas afuera.

Cuando entró, el aire cambió.

Pesado.

Espeso.

Algo no estaba bien.

Se arrodilló junto al cuerpo de la niña, quien pensó era hija de la mujer que la buscó, sin perder tiempo. Sus manos se movieron con seguridad, con una precisión que no coincidía con la tranquilidad que mostraba. Delicadas, pero firmes. Como si supiera exactamente qué hacer.

El pulso era débil. La respiración irregular. Frunció apenas el ceño.

—Tranquila… —susurró, más para la niña que para los demás.

Siempre lo hacía así. Suave. Como si incluso en medio del dolor hubiera espacio para la calma.

Pero no era eso lo que le erizaba la piel. Era otra cosa. Algo que no podía ver, pero estaba ahí.

Cerró los ojos.

Respiró.

Y entonces empezó.

Su voz salió suave al inicio, casi como un susurro… pero había algo en ella. Algo que no pertenecía del todo a este mundo.

El aire pareció tensarse. Aferrarse. Responder.

Afuera, nadie se movió. Nadie habló.

Y en algún punto, entre las sombras del techo, un cuervo observaba en absoluto silencio. Inmóvil. Atento. Sus ojos oscuros no se apartaban de ella. De sus manos. De su voz.

Y entonces… lo notó.

Un mechón blanco, casi oculto entre los mechones de su abundante cabello rizado.

Un detalle pequeño. Fácil de ignorar. Pero no para él.

El cuervo inclinó apenas la cabeza, como si algo encajara. Como si algo que había estado buscando finalmente estuviera frente a él.

Abrió sus alas y se fue volando.

*****

El aire dentro de la casa cambió primero.



#1124 en Fantasía
#211 en Magia

En el texto hay: aventura, slowburn, romantasy

Editado: 18.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.