El Don de la Voz Prohibida

Capitulo Tres

Capitulo Tres

Naksu

El aire cambia, pero no de golpe, no como cuando llegan. Esta vez es lento, casi imperceptible, como si el mundo respirara con cuidado, probando si ya es seguro volver a la normalidad. La presión en el pecho disminuye primero, luego el silencio deja de sentirse pesado y ese murmullo que antes raspaba por dentro se apaga, como brasas que finalmente se enfrían. Abro los ojos y todo sigue en pie: la mesa, las paredes, la luz entrando por la ventana como si nada hubiera pasado. Pero sí pasó. Siempre pasa. Aun así, aquí dentro, todo vuelve a su lugar.

Mi hogar. Mi refugio.

El único sitio donde el mundo parece mantenerse intacto.

Trago despacio, sintiendo el vacío en mi garganta. No duele, nunca duele, pero está ahí, recordándome el precio de lo que hice… de lo que sigo haciendo. Y aun así estoy aquí. No allá afuera, no entre los gritos, no entre lo que se rompe. Aquí. Donde el tiempo avanza como si no hubiera sido interrumpido. Mi mirada recorre la habitación, cada rincón conocido, cada detalle que permanece igual. Todo parece normal. Seguro. Nada entra aquí. Nada debería entrar aquí. Y por un momento, quiero creer que eso basta.

Un golpe seco contra la puerta rompe el silencio.

No es un toque, es un impacto.

La madera se abre de golpe y el aire de afuera entra con él.

—¿Están bien?

Thorik.

Entra como si aún trajera la batalla pegada al cuerpo, la respiración agitada, los hombros tensos, los ojos recorriendo todo con urgencia. Nos busca. Nos cuenta. Nos necesita completos.

—Estamos bien —responde mamá de inmediato, acercándose a él sin dudar—. Estamos bien, hijo… gracias a los dioses.

Su voz es firme, pero sus manos lo traicionan. Le toma el rostro, revisándolo como si aún fuera un niño que vuelve lastimado a casa.

—¿Y tú? ¿Estás herido? Déjame verte.

Thorik niega apenas, desviando un poco la mirada.

—No es mío —murmura—. Hay otros…

Mamá asiente, pero no lo suelta de inmediato. Sus manos bajan por sus brazos, comprobando, asegurándose.

—Siempre dices lo mismo —le dice con suavidad—, como si eso lo hiciera menos importante.

El silencio que sigue es breve, pero cargado.

Yo no me muevo. Solo lo observo.

Y cuando sus ojos finalmente encuentran los míos, todo se detiene ahí.

No hace falta hablar.

No hace falta preguntar.

La preocupación está en su mirada, clara, directa, clavándose en la mía.

Estoy bien.

O eso intento decirle.

Saco la pequeña libreta del bolsillo de mi vestido junto con el carbón y escribo rápido, antes de que el momento se diluya. Arranco la hoja y se la muestro.

¿Qué fue eso?

Thorik aprieta la mandíbula. Es un gesto mínimo, pero suficiente.

—Un semidiós —responde finalmente.

El aire cambia otra vez.

No afuera.

Aquí.

Mis dedos se detienen sobre la libreta.

Semidiós.

Mi mente empieza a moverse sola. Este lugar es pequeño, aislado, olvidado a propósito. Nadie viene aquí. Nadie debería venir aquí. Los semidioses no se quedan, no pertenecen a pueblos como este. Vagan, protegen, aparecen donde hacen falta y desaparecen igual de rápido. Eso es lo que se dice. Eso es lo que debería ser.

Pero no todos son así.

Algunos se rompen.

Algunos se pierden.

Algunos se convierten en algo peor.

Aprieto la libreta entre mis dedos.

Ojalá no sea uno de esos.

¿Sol o luna?

No hay forma de saberlo todavía. Pero el hecho de que esté aquí ya es suficiente para que algo no encaje.

—Sea quien sea —dice mamá, más para darse calma que para afirmarlo—, nos ayudó.

Thorik no responde de inmediato.

Y eso lo dice todo.

Bajo la mirada y escribo otra vez, esta vez con más firmeza. Arranco la hoja y la levanto.

Es hora de ayudar.

El silencio cae un segundo, pero esta vez no pesa.

Porque ya sé lo que sigue.

Y no voy a quedarme aquí mientras otros no pueden.

No espero respuesta.

Guardo la libreta, cierro los dedos alrededor de ella como si eso bastara para sostenerme, y doy un paso hacia la puerta. Mamá intenta decir algo, lo noto en el leve movimiento de sus labios, pero no la dejo. Si me detengo, si la miro demasiado tiempo, si permito que ese instante se alargue… me voy a quedar. Y no puedo.



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En el texto hay: aventura, slowburn, romantasy

Editado: 18.04.2026

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