En el Rancho Robles, Ángela intentaba concentrarse en su trabajo, pero los recuerdos no dejaban de perseguirla.
Cada rincón le recordaba momentos que había compartido con él.
Mientras tanto, Daniel observaba el pueblo desde la terraza de la antigua hacienda Montenegro.
—¿Valió la pena regresar? —preguntó Don Ernesto.
—Tengo que descubrir la verdad.
—La verdad puede destruir muchas familias.
Daniel lo miró con seriedad.
—Ya destruyó la mía.
Aquellas palabras hicieron que Don Ernesto guardara silencio.
Esa misma noche, Victoria llegó a la hacienda.
—Me alegra verte de vuelta.
—Gracias, Victoria.
Ella sonrió.
—Todos están felices de que hayas regresado.
Daniel notó la forma en que evitó mencionar a Ángela.
—No todos.
Victoria fingió preocupación.
—Ángela sufrió mucho cuando te fuiste.
—Lo sé.
—Tal vez ya es demasiado tarde.
Daniel negó con la cabeza.
—No hasta que escuche toda la verdad.
Victoria apretó los labios.
Eso era exactamente lo que temía.
Al día siguiente, Ángela acudió al mercado del pueblo.
Intentó pasar desapercibida, pero una voz familiar la detuvo.
—Ángela.
Ella cerró los ojos antes de girarse.
Daniel estaba frente a ella.
—¿Qué quieres?
—Cinco minutos.
—No.
—Por favor.
Ángela dudó.
Durante años había imaginado este momento.
Miles de veces.
Pero ahora que ocurría, no sabía qué sentir.
—Habla.
Daniel respiró profundamente.
—Yo no te abandoné.
Ángela soltó una amarga sonrisa.
—Claro que sí.
—Alguien me obligó a irme.
—¿Y también te obligó a no llamar durante cinco años?
Daniel bajó la mirada.
—No tenía forma de comunicarme contigo.
—Basta.
Ángela sintió que las lágrimas amenazaban con salir.
—No vuelvas a buscarme.
Antes de que Daniel pudiera responder, ella se marchó.
Desde lejos, Victoria observaba todo escondida detrás de un puesto.
Y sonrió.
Porque mientras Ángela siguiera creyendo que Daniel la había traicionado, su secreto permanecería oculto.
Pero en una vieja caja guardada en el ático de la casa Robles, descansaban decenas de cartas.
Cartas que Daniel había enviado durante años.
Cartas que Ángela jamás recibió.
Y alguien había hecho todo lo posible para que nunca las encontrara.
Editado: 15.06.2026