El dueño de mis heridas

Capitulo 3: Las cartas perdidas

La lluvia caía sobre el pueblo mientras Ángela intentaba olvidar el encuentro con Daniel.

Pero sus palabras seguían resonando en su mente.

"Yo no te abandoné."

—Mentiroso... —susurró.

Sin embargo, una pequeña parte de ella comenzaba a dudar.

Esa misma tarde, Elena decidió ordenar el viejo ático de la casa.

Entre cajas cubiertas de polvo encontró un baúl que no recordaba haber visto antes.

—¿Y esto?

Lo abrió lentamente.

Dentro había decenas de sobres amarillentos.

Todos tenían el mismo destinatario.

Ángela Robles.

Y todos estaban firmados por Daniel Montenegro.

Elena abrió uno con manos temblorosas.

"Ángela, si algún día lees esta carta, quiero que sepas que jamás te abandoné..."

La mujer quedó paralizada.

Mientras tanto, Daniel investigaba discretamente lo ocurrido cinco años atrás.

Visitó a un antiguo empleado de su familia.

—Necesito saber quién interceptó mis cartas.

El hombre se puso nervioso.

—Señor Daniel... hay personas peligrosas involucradas.

—Dime la verdad.

—No puedo.

—Sí puedes.

El hombre bajó la cabeza.

—Alguien pagó mucho dinero para mantenerlos separados.

Daniel sintió que la rabia crecía.

Cada vez estaba más cerca de descubrir al responsable.

En otro lugar del pueblo, Victoria observaba una fotografía antigua de Daniel.

—Todo iba perfecto hasta que regresaste.

Su teléfono sonó.

—¿Sí?

Una voz respondió desde el otro lado.

—Hay problemas.

—¿Qué pasó?

—Encontraron las cartas.

El rostro de Victoria perdió el color.

—¿Qué dijiste?

—Las cartas de Daniel.

Victoria se levantó de golpe.

—No. Eso es imposible.

—Alguien abrió el baúl.

Por primera vez en años, sintió miedo.

Esa noche, Elena llegó apresuradamente al cuarto de Ángela.

—Necesitas ver esto.

—¿Qué ocurre?

Elena colocó una pila de sobres sobre la cama.

Ángela se quedó inmóvil.

Reconocería aquella letra en cualquier lugar.

Era la de Daniel.

Con manos temblorosas abrió la primera carta.

Luego la segunda.

Después la tercera.

Las lágrimas comenzaron a caer.

Todas estaban fechadas durante los cinco años que él estuvo lejos.

Todas.

Daniel nunca dejó de escribirle.

Ángela sintió que el mundo se derrumbaba a su alrededor.

Porque si Daniel decía la verdad...

Entonces alguien había mentido durante años.

Y la persona que destruyó su historia de amor estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.

Al otro lado del pueblo, Victoria observaba la tormenta desde su ventana.

Y por primera vez, tuvo la sensación de que su secreto estaba a punto de salir a la luz.




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