Ángela pasó toda la noche leyendo las cartas.
Una tras otra
Cada palabra era una prueba de que Daniel jamás la había olvidado.
En una de ellas encontró algo que la hizo llorar aún más.
"No importa cuánto tiempo pase, seguiré amándote. Volveré por ti, te lo prometo."
Aquella promesa era exactamente la misma que Daniel le había hecho cinco años atrás.
Cuando amaneció, Ángela ya no sabía qué creer.
¿Y si Daniel había dicho la verdad todo ese tiempo?
Por la mañana, Daniel recorría los campos de su nueva propiedad cuando vio a Ángela acercarse.
Su corazón se aceleró.
Ella se detuvo frente a él.
—Leí las cartas.
Daniel abrió los ojos con sorpresa.
—¿Las encontraste?
—Sí.
Durante unos segundos ninguno habló.
—Entonces sabes que nunca dejé de buscarte.
Ángela bajó la mirada.
—¿Quién hizo esto?
—Eso es lo que intento descubrir.
Por primera vez en años, la rabia de Ángela no estaba dirigida hacia Daniel.
Sino hacia la persona que los había separado.
Mientras tanto, Victoria comenzaba a desesperarse.
Entró a la oficina de Don Ernesto.
—Tenemos que hacer algo.
—Tranquilízate.
—¡Las cartas aparecieron!
Don Ernesto la observó con frialdad.
—Perder el control solo empeorará las cosas.
—Si descubren la verdad, todo habrá terminado.
El hombre permaneció en silencio.
Aquella reacción hizo que Victoria sintiera escalofríos.
Parecía que Don Ernesto sabía mucho más de lo que decía.
Esa tarde, Daniel recibió una llamada anónima.
—Si quieres respuestas, ve al viejo molino esta noche.
—¿Quién habla?
Pero la llamada se cortó.
Daniel decidió acudir.
Lo que no sabía era que alguien lo observaba desde lejos.
Al llegar al molino abandonado encontró a un hombre encapuchado.
—¿Fuiste tú quien llamó?
—Sí.
—¿Quién interceptó mis cartas?
El desconocido dudó unos segundos.
—No actuó sola.
Daniel frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Victoria recibió ayuda.
Daniel sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿De quién?
Antes de que el hombre pudiera responder, un ruido se escuchó detrás de ellos.
¡BANG!
Un disparo impactó una pared cercana.
El desconocido salió corriendo.
Daniel intentó seguirlo, pero desapareció entre la oscuridad.
Cuando regresó al lugar donde había estado el informante, encontró algo tirado en el suelo.
Era un antiguo reloj de bolsillo.
Un reloj que pertenecía a una sola persona.
Don Ernesto Montenegro.
Daniel observó el reloj con incredulidad.
Y por primera vez comenzó a sospechar que su propio padre podría estar involucrado en todo.
La verdad estaba más cerca que nunca... y era mucho más peligrosa de lo que imaginaba.
Editado: 02.07.2026