El dueño de mis heridas

Capítulo 6: La Máscara de Victoria

Ángela observó el broche dorado una y otra vez.

No había duda.

Era de Victoria.

Lo había visto en fiestas, reuniones y eventos del pueblo durante años.

—¿Qué estabas buscando en mi casa? —murmuró.

Ahora tenía más preguntas que respuestas.

A la mañana siguiente, Ángela fue directamente a buscar a Daniel.

—Necesitamos hablar.

Daniel notó la preocupación en su rostro.

—¿Qué pasó?

Ángela le mostró el broche.

—Anoche alguien entró a mi casa.

Daniel lo tomó y quedó sorprendido.

—¿De quién es?

—De Victoria.

El rostro de Daniel se endureció.

—Entonces estaba buscando algo.

—La fotografía.

Ambos comprendieron que la imagen tenía más importancia de la que imaginaban.

Mientras tanto, Victoria recibía malas noticias.

—No encontraste la fotografía —dijo una voz al teléfono.

—Estuvo a punto.

—Ya no podemos cometer errores.

—Lo sé.

—Porque si descubren quién era Tomás Villaseñor, todo terminará.

Victoria cerró los ojos.

Sabía que el tiempo se estaba acabando.

Esa tarde, Daniel decidió visitar los archivos municipales.

Después de varias horas encontró un viejo expediente.

Tomás Villaseñor.

Ganadero.

Socio fundador de varias tierras del valle.

Desaparecido misteriosamente veinte años atrás.

Daniel siguió leyendo.

Y entonces encontró algo impactante.

Tomás Villaseñor poseía el cincuenta por ciento de las tierras que hoy pertenecían a las familias Montenegro y Robles.

—No puede ser...

Aquellas tierras jamás fueron heredadas legalmente.

Alguien se había quedado con ellas.

Mientras Daniel investigaba, Ángela visitó a Elena.

—Mamá, ¿conociste a Tomás Villaseñor?

Elena quedó inmóvil.

—¿Quién te habló de él?

—Encontré una fotografía.

La mujer palideció.

—Pensé que nunca volvería a escuchar ese nombre.

—¿Quién era?

Elena respiró profundamente.

—Era el mejor amigo de tu padre.

—¿Y qué pasó con él?

—Desapareció una noche... y nadie volvió a verlo.

Esa misma noche, Daniel regresó a la hacienda Montenegro.

Al entrar a la biblioteca escuchó voces.

La puerta estaba entreabierta.

Reconoció inmediatamente a Victoria.

—Tenemos que detenerlos.

—Ya es demasiado tarde —respondió Don Ernesto.

Daniel sintió un escalofrío.

—Nunca debimos separarlos.

Victoria respondió con nerviosismo.

—Lo hice para proteger todo lo que habíamos construido.

—Y ahora estamos pagando las consecuencias.

Daniel sintió que el corazón le latía con fuerza.

Ya no eran sospechas.

Su padre y Victoria estaban involucrados.

Sin hacer ruido, sacó su teléfono y comenzó a grabar la conversación.

Pero en ese momento pisó una tabla suelta.

CRACK.

Las voces se detuvieron.

Silencio absoluto.

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

Y Daniel comprendió que acababan de descubrir que alguien los estaba escuchando...




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