El dueño de mis heridas

Capítulo 9: La Voz en la Oscuridad

El mensaje seguía iluminando la pantalla del teléfono.

“Ya era hora de que me buscaran.”

Ángela no parpadeaba.

Daniel, en cambio, apretó el dispositivo con fuerza, como si pudiera obligar a la verdad a aparecer antes.

—No es una coincidencia —dijo él.

—Nos está guiando… —susurró Ángela.

El punto de encuentro

Minutos después, llegó otro mensaje.

“Antiguo puente del valle. Solo ustedes dos.”

Daniel levantó la mirada.

—Quiere que vayamos.

—Puede ser una trampa.

—Lo es.

Ángela lo miró.

—Entonces, ¿por qué ir?

Daniel guardó silencio un segundo.

—Porque es la única forma de terminar esto.

Camino al puente

El viento golpeaba el valle cuando llegaron al lugar.

El viejo puente de madera crujía con cada paso del río debajo.

No había nadie.

Solo niebla.

—Llegamos demasiado pronto —dijo Ángela.

Daniel observó alrededor.

—No… él ya está aquí.

La aparición

Un aplauso lento rompió el silencio.

—Impresionante… llegaron exactamente cuando debían.

De entre la neblina, una figura avanzó.

Traje oscuro.

Paso firme.

Mirada tranquila.

Tomás Villaseñor.

Ángela dio un paso atrás.

—No puede ser…

Tomás sonrió ligeramente.

—Claro que puede.

El hombre que lo sabía todo

Daniel lo observó con tensión.

—Tú estás muerto en todos los registros.

Tomás negó con la cabeza.

—No. Solo desaparecí para sobrevivir.

Ángela apretó el diario contra su pecho.

—¿Por qué fingir todo esto?

Tomás la miró directamente.

—Porque alguien intentó borrarme.

El silencio se hizo pesado.

La revelación parcial

Tomás caminó alrededor de ellos.

—Hace veinte años descubrí algo que no debía existir.

Daniel frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

Tomás se detuvo.

—Un acuerdo entre familias poderosas… para quedarse con estas tierras.

Ángela sintió un escalofrío.

—¿Incluye a los Montenegro?

Tomás no respondió de inmediato.

Eso fue suficiente.

La advertencia final

Tomás sacó un sobre viejo.

—Esto explica todo lo que necesitas saber… pero no es seguro abrirlo aquí.

Daniel lo tomó.

—¿Por qué ahora?

Tomás miró hacia la oscuridad del bosque.

—Porque ellos ya saben que estoy de vuelta.

Un ruido fuerte se escuchó a lo lejos.

Luces acercándose.

Tomás retrocedió.

—Se acabó el tiempo.

Ángela dio un paso hacia él.

—¡Espera!

Pero Tomás ya se alejaba hacia la niebla.

—Encuentren la verdad antes de que los encuentren a ustedes.

Y desapareció.

El sobre

Daniel abrió el sobre con cuidado.

Dentro había una sola frase escrita:

“El verdadero enemigo nunca estuvo oculto… solo era el más cercano.”

Ángela sintió que el mundo se inclinaba.

Daniel levantó la vista lentamente.

Y entendió algo aterrador:

El peligro no venía del pasado…

Venía de alguien que aún caminaba libremente entre ellos.




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