La frase escrita en el papel parecía pesar toneladas.
“El verdadero enemigo nunca estuvo oculto… solo era el más cercano.”
Ángela y Daniel intercambiaron una mirada.
¿A quién se refería Tomás?
¿A Don Ernesto?
¿A Victoria?
¿O a alguien más?
Una noche de dudas
De regreso al pueblo, ninguno de los dos habló demasiado.
Las revelaciones de los últimos días habían cambiado todo.
Cuando llegaron al Rancho Robles, Ángela se quedó sola en el jardín.
Daniel se acercó.
—¿Estás bien?
Ella sonrió con tristeza.
—No lo sé.
Durante años había creído una mentira.
Y ahora cada verdad traía más preguntas.
—Lo averiguaremos juntos.
Por primera vez en mucho tiempo, Ángela no apartó la mirada.
—Juntos.
El documento secreto
Al llegar a su habitación, Daniel revisó nuevamente el sobre que Tomás le había entregado.
Notó algo extraño.
Había un doble fondo.
Con cuidado lo abrió.
Dentro encontró varios documentos.
Y una fotografía.
Cuando la observó, sintió que el corazón se detenía.
En ella aparecían:
Tomás Villaseñor.
Don Ernesto Montenegro.
El padre de Ángela.
Y una cuarta persona.
Un hombre desconocido.
Detrás de la foto había una inscripción:
"Los cuatro fundadores."
La pieza faltante
A la mañana siguiente, Daniel mostró la fotografía a Ángela.
—¿Quién es el cuarto hombre?
Ángela negó con la cabeza.
—Nunca lo había visto.
Entonces Elena entró en la habitación.
Y al ver la fotografía, dejó caer la taza que llevaba en las manos.
¡CRASH!
—Mamá...
Elena había palidecido.
—No puede ser.
—¿Lo conoces?
La mujer asintió lentamente.
—Sí.
—¿Quién es?
Elena tragó saliva.
—Se llama Rodrigo Fuentes.
Un nombre prohibido
El silencio fue inmediato.
—¿Quién era? —preguntó Daniel.
Elena se sentó lentamente.
—Era el socio más poderoso de todos.
—¿Qué pasó con él?
—Murió.
Pero algo en su voz hizo que Ángela sospechara.
—¿De verdad murió?
Elena bajó la mirada.
Y no respondió.
Victoria pierde el control
Mientras tanto, Victoria recibía una noticia alarmante.
—Tomás apareció.
—Lo sé.
—Entonces ya deben saberlo todo.
—No. Todavía no.
Victoria comenzó a caminar nerviosamente.
—¿Y si encuentran a Rodrigo?
Al otro lado de la línea hubo silencio.
Demasiado silencio.
—No deberían poder encontrarlo.
Aquella respuesta solo la asustó más.
El ataque
Esa misma noche, Daniel regresaba a casa cuando una camioneta negra comenzó a seguirlo.
Primero a distancia.
Luego cada vez más cerca.
Daniel aceleró.
La camioneta también.
—¿Qué demonios...?
De pronto, el vehículo chocó contra el suyo.
¡BOOM!
Daniel perdió el control por un instante.
La camioneta volvió a embestirlo.
Esta vez con más fuerza.
El auto salió de la carretera y terminó detenido contra una cerca.
Aturdido, Daniel intentó salir.
Entonces vio varias figuras acercándose.
Hombres desconocidos.
Uno de ellos llevaba una linterna.
Otro sostenía una carpeta.
La misma carpeta que contenía los documentos de Tomás.
—Encuéntrenla —ordenó una voz.
Daniel comprendió algo aterrador.
No habían intentado matarlo.
Habían intentado recuperar las pruebas.
Y eso significaba que estaba más cerca de la verdad de lo que imaginaba.
Pero antes de que pudiera escapar, una figura salió de entre la oscuridad.
Y al iluminarse su rostro, Daniel quedó completamente paralizado.
Porque reconoció perfectamente a esa persona.
Era alguien en quien había confiado toda su vida.
Continuará...
Editado: 02.07.2026