El dueño de mis heridas

Capítulo 11: La Traición Inesperada

Daniel apenas podía creer lo que veía.

La luz de la linterna iluminó por completo el rostro de aquella persona.

—¿Tú...?

Su voz salió apenas como un susurro.

Frente a él estaba Ricardo Robles, el hermano mayor de Ángela.

Daniel sintió que el mundo se detenía.

—No puede ser.

Ricardo lo observó con expresión seria.

—Dame la carpeta, Daniel.

—¿Trabajas para ellos?

—No entiendes nada.

—¡Entonces explícame!

Los hombres permanecieron en silencio alrededor de ambos.

Una verdad a medias

Ricardo dio un paso adelante.

—Si te llevas esos documentos, Ángela correrá peligro.

—¿Y crees que voy a creerte?

—No necesito que me creas.

Daniel apretó la carpeta contra su pecho.

Durante años había considerado a Ricardo un amigo.

Casi un hermano.

Y ahora no sabía de qué lado estaba realmente.

La huida

Aprovechando un momento de distracción, Daniel empujó a uno de los hombres y salió corriendo.

—¡Deténganlo!

Los perseguidores fueron tras él.

Daniel atravesó un campo oscuro mientras sujetaba las pruebas.

Finalmente logró esconderse en un viejo establo abandonado.

Su respiración era agitada.

Pero había conseguido escapar.

Por ahora.

La confesión de Ricardo

Al día siguiente, Ricardo apareció en el Rancho Robles.

Ángela lo recibió sorprendida.

—¿Qué haces aquí tan temprano?

Ricardo parecía preocupado.

—Necesitamos hablar.

—¿Sobre qué?

—Sobre Daniel.

Ángela frunció el ceño.

—¿Qué ocurre con él?

Ricardo bajó la mirada.

Por primera vez parecía cargar un enorme peso sobre los hombros.

—Hay cosas que nunca te conté.

El secreto familiar

Horas más tarde, Daniel llegó al rancho.

Encontró a Ricardo y Ángela discutiendo.

—Perfecto —dijo Daniel—. Yo también tengo preguntas.

Ricardo cerró los ojos.

Sabía que ya no podía seguir ocultándolo.

—Hace veinte años, nuestros padres hicieron un pacto.

—¿Qué pacto? —preguntó Ángela.

—Proteger algo.

—¿Qué cosa?

Ricardo tragó saliva.

—Una fortuna.

El silencio llenó la habitación.

La herencia perdida

Ricardo continuó:

—Las tierras del valle no eran lo más valioso.

—Entonces, ¿qué era? —preguntó Daniel.

—Debajo de ellas existe una reserva de agua natural enorme.

Ángela abrió los ojos sorprendida.

—¿Agua?

—Sí. Una de las más grandes de la región.

Daniel comprendió de inmediato.

Aquello valía millones.

Tal vez miles de millones.

Y explicaba por qué tantas personas estaban dispuestas a mentir, traicionar e incluso atacar para quedarse con el control de las tierras.

Una nueva amenaza

Esa misma noche, Victoria recibió una visita inesperada.

Cuando abrió la puerta, se quedó congelada.

Frente a ella estaba Tomás Villaseñor.

Vivo.

Mirándola directamente a los ojos.

—Hola, Victoria.

Ella retrocedió aterrada.

—No... no puede ser.

Tomás sonrió.

Pero aquella sonrisa no tenía nada de amable.

—Creo que es hora de que hablemos del pasado.

Y por primera vez en muchos años...

Victoria tuvo miedo de verdad.

Continuará...




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