El dueño de mis heridas

Capítulo 13: La Noche de la Persecución

Daniel comprendió que no tenía tiempo que perder.

Se alejó de la hacienda lo más rápido posible, decidido a advertir a Ángela.

Pero apenas llegó a su camioneta, dos vehículos negros bloquearon la salida.

—¡Es él! ¡No lo dejen escapar! —gritó uno de los hombres.

Daniel encendió el motor y aceleró. Los vehículos comenzaron a perseguirlo por los caminos de terracería que atravesaban los campos.

Una llamada desesperada

Mientras conducía, logró marcar el número de Ángela.

—¿Daniel? ¿Dónde estás?

—Escúchame con atención. Rodrigo Fuentes está vivo. Él es quien ha estado detrás de todo.

—¿Qué?

—No hay tiempo. Sal del rancho con tu mamá y Ricardo. ¡Ahora mismo!

La llamada se cortó de repente.

Daniel miró el teléfono.

No tenía señal.

El ataque al Rancho Robles

Al mismo tiempo, una camioneta se detuvo frente al Rancho Robles.

Tres hombres descendieron y comenzaron a acercarse a la casa.

Ricardo los vio desde la ventana.

—¡Ángela, cierren todas las puertas!

Elena abrazó a su hija.

—¿Qué está pasando?

—Nos encontraron.

Los tres apagaron las luces y buscaron un lugar seguro mientras los desconocidos intentaban entrar.

Un aliado inesperado

Cuando uno de los hombres estaba a punto de forzar la puerta principal, un vehículo apareció levantando una nube de polvo.

Del automóvil bajó Tomás Villaseñor.

—¡Aléjense de esa casa!

Los intrusos se sorprendieron al verlo.

—¡Es Tomás!

Sin perder tiempo, subieron a la camioneta y huyeron.

Tomás entró rápidamente al rancho.

—No están seguros aquí.

Ángela respiró aliviada.

—Gracias por llegar.

—Aún no hemos ganado.

Daniel en peligro

Mientras tanto, Daniel seguía siendo perseguido.

Los vehículos lo obligaron a desviarse hacia un viejo puente de madera.

Al cruzarlo, escuchó un fuerte crujido.

El puente estaba deteriorado.

Uno de los perseguidores aceleró e intentó embestirlo.

Daniel giró el volante en el último instante.

La camioneta de los atacantes perdió el control.

El puente cedió bajo su peso y el vehículo cayó al río.

Los demás se detuvieron de golpe.

Daniel aprovechó la confusión para escapar.

La decisión

Esa noche, Daniel llegó al Rancho Robles y abrazó a Ángela con fuerza.

Ella, sin decir una palabra, correspondió al abrazo.

Después de unos segundos, Tomás habló.

—Ya no podemos seguir escondiéndonos.

Todos lo miraron.

—Ha llegado el momento de desenmascarar a Rodrigo Fuentes delante de todo el pueblo.

Daniel asintió.

—¿Cómo lo haremos?

Tomás sacó una carpeta gruesa de su maletín.

—Aquí están todas las pruebas que he reunido durante veinte años.

Ángela sonrió con esperanza.

Pero nadie notó que, escondido entre los árboles, un hombre tomaba fotografías de la reunión y las enviaba desde su teléfono.

En la pantalla apareció un único mensaje para Rodrigo:

"Ya están todos juntos."

Rodrigo observó la fotografía y sonrió.

—Perfecto... ahora será más fácil acabar con todos.

Continuará...




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